Dulce despertar...

enviado por Carla

Lentamente comencé a despertar de un profundo sueño. Al abrir los ojos, mi primera sensación fue de extrañeza: no reconocía el lugar en que me encontraba hasta que, al comenzar a acostumbrar los ojos a la penumbra reinante, empecé a distinguir algunas formas. En el suelo, hechas un bollo al lado de la cama, reconocí mis prendas íntimas: el baby-doll, las medias negras de nylon, la bombacha y el corpiño negros. Giré mi cabeza y descubrí, tendido boca arriba a mi lado, su cuerpo totalmente desnudo. Por la posición en que habíamos caído rendidos, sus genitales habían quedado muy cerca de mi rostro, tanto que enseguida percibí ese olor tan característico que me resulta tan delicioso: el olor entre acre y dulce de su semen ya fermentado. “Olor a pija amanecida”, como yo lo bauticé. El espectáculo que se ofreció ante mi vista, no por conocido me resultó menos impresionante y deleitoso. El tronco de su pija, nervudo, largo y grueso a pesar de estar fláccido, rematado por un glande abultado y brillante asomando por debajo de su prepucio semiretraído y, colgando de su base, unos hermosos testículos: en fin, un espectáculo delicioso que enseguida trajo a mi memoria los recuerdos de la tórrida noche pasada y las deliciosas experiencias vividas. Al pensar que apenas unas horas antes tenía ese tremendo órgano moviéndose dentro de mi culo, no tardé en volver a ponerme cachonda y sentir las ganas de recomenzar de nuevo el frenético combate. Total, calculaba, después de un reparador descanso él ya estaría tan repuesto como yo del agotamiento provocado por el brutal tiroteo. Al arrimar mi rostro a su poronga, el olor genital, olor de varón, se hizo mucho más penetrante, lo que aumentó terriblemente mi excitación y mi apetito sexual. Me propuse procurarle un dulce despertar, para lo cual empecé a lamer muy despacito sus huevos, pero al ver que no reaccionaba, pasé directamente a lamer el tronco, subiendo hacia el glande. Recién cuando comencé a pasar la lengua por su frenillo y los bordes del glande, noté que empezaba a reaccionar. Primero fueron unos movimientos de su cabeza, luego de sus piernas acompañados por estremecimientos de su cuerpo cada vez que la punta de mi lengua tocaba algún punto sensible de su glande y entonces me decidí a ir a fondo e introduje la cabeza de su poronga dentro de mi boca, empezando a succionar con energía mientras con mi mano derecha comenzaba a pajearlo. Ahí sí terminó de despertar y alargó su mano para acariciar mi cabeza, mientras comenzaba a gemir. En pocos segundos su poronga aumentó enormemente su tamaño y se puso totalmente dura.

Sin necesidad de intercambiar palabra alguna, supe que ambos habíamos alcanzado simultáneamente la temperatura óptima, con lo cual no debía aguardar un instante más para recibir amorosamente su pija dentro de mí. Soltando su poronga, tomé uno de los sobres de gel íntimo que habían quedado sobre la mesa de luz y, abriéndolo, con los dedos de mi mano derecha deposité su contenido sobre mi ano y luego con los dedos procedí a introducir la mayor cantidad posible dentro del mismo, lubricando todo su interior para lo que estaba por venir. Luego coloqué una porción de gel sobre su glande, desparramándolo bien sobre el mismo. Hecho esto, me coloqué boca abajo sobre la cama, el pecho bien bajo y la cola bien alta, ofreciéndosela. Él no se hizo rogar: sin decir palabra se colocó detrás de mí y sujetando su pija con la mano derecha la deslizó sobre mis nalgas bien abiertas, apoyando la punta de la cabeza sobre mi ano. Inmediatamente empezó a presionar, suave pero firmemente, de modo que no tardó en vencer la poca resistencia que podía oponerle mi esfínter ya dilatado al máximo. Una vez que entró la cabeza, mantuvo la presión hasta que hubo penetrado todo el tronco, quedando sus bolas apretadas contra mis nalgas. Tras una brevísima pausa, comenzó el movimiento de bombeo, lento al principio, más rápido después hasta finalmente terminar en un frenético bombeo. Al cabo de unos minutos de sentir su respiración jadeante saliendo de su boca junto a mi oído, escucho que me susurra:

-“¡Ahh, aaahhh, mi amor, voy a acabar!”

Casi inmediatamente interrumpió su movimiento de vaivén al tiempo que sentí cómo su cuerpo se arqueaba, se ponía rígido y dando una última, profunda estocada, dejaba escapar de sus labios una especie de gruñido:

-“¡Arrrggghhh…!”

Yo simultáneamente acabé con él, eyaculando una pequeña cantidad de semen por mi pene fláccido:

-“¡Ay, sí, papi! ¡Vení, mi amor, yo también me voy!”

Acto seguido, su cuerpo se aflojó completamente dejando caer todo su peso sobre mí y así permanecimos unos instantes disfrutando de la increíble sensación de placer y relax que ambos habíamos alcanzado, hasta que después de un rato él se dejó caer al lado mío, quedando tendido boca arriba a mi lado, con su pene ya totalmente fláccido. Yo me incorporé y dirigiendo mi rostro hacia el mismo, procedí a limpiarlo meticulosamente con mi lengua. ¡La expresión de satisfacción y gratitud de su rostro resultaba indescriptible! Era lo menos que podía hacer por la poderosa arma de mi machito que había vuelto a provocarme un placer tan intenso.

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