Soy tuya

enviado por Susana

Recién me bañe, estoy en el cuarto tratando de decidir qué ponerme para recibirte, ya tengo la piel seca y me unto una crema perfumada y humectante para gustarte más, abre el cajón de la ropa interior y sacó un conjunto de lencería fina negra, un corpiño que levanta mi busto y apenas cubre mis pezones ya erectos y una tanga que al colocármela se pierde en la profundidad de mi culo y me excita sobremanera saber que sobresalen los cachetes haciéndome sentir más femenina. Después visto un portaligas y enfundo mis piernas en unas suaves medias negras, aprieto los broches a la altura de mis muslos y me dirijo al placard para escoger el calzado, veo unos zapatos de tacos altos clásicos y elegantes usaría una dama para salir o para algún evento social, pero no son adecuados para como me siento hoy, estoy caliente y quiero dejar libre a todos mis instintos, a mis deseos más reprimidos, ¡quiero sentirme perra!, sentirme hembra y puta, una mujer entregada a los deseos y caprichos sexuales de su macho, del hombre que la posee haciéndola sentir de su propiedad entonces saco un par de botas de cuero negro que cubren mis piernas por encima de las rodillas siendo sumamente sexys dándome un aspecto de mujerzuela que me encanta.

Me miro al espejo, no puedo evitar excitarme y tengo una erección que rápidamente trato de acomodar, tomo mi pene y lo colocó para abajo dentro de la tanga, estoy feliz y ansiosa, el tiempo pasa deprisa y dentro de poco llegarás.

Agarro la minifalda de cuero que me compraste el fin de semana pasado y la visto rápidamente, la acomodo y me pongo el top que se ajusta a mis tetas haciendo que mis pezones se marquen.

Me siento frente al espejo y comienzo a maquillarme, primero una base, después delineo los ojos y los sombreo, un poco de rubor para los párpados y por último pinto mi boca con un color pastel y delicado.

Suena el timbre y corro presurosa a abrir la puerta. Ahí estas con tu mirada penetrante, una sonrisa segura y un gran ramo de rosas rojas. Me abalanzo y te abrazo por el cuello mientras tus manos sueltan las flores y se enrollan a mi cintura apretándome contra tu cuerpo, instantáneamente nos besamos con urgencia, desesperación y deseo siento tu lengua entrar en mi boca buscando la mía para comenzar una danza húmeda y ardiente, dominándola, obligándome a entregarme sin restricciones, con total devoción y abandono. Hasta en el beso me siento subyugada por vos y me encanta.

Siento tus manos descender hasta mis nalgas agarrándolas con fuerzas, apretando los cachetes y separándolos. Mi respiración se acelera, librero pequeños gemidos de calentura que a vos te ponen a mil y bajo mis manos para desabotonar tu camisa, lo hago lentamente mientras beso tu cuello, lamo tus pectorales, tus tetillas y los abdominales de tu vientre firme, puedo sentir el exquisito olor que se eleva desde tu entrepierna invitándome a saborear la rigidez de tu pija que sin perder tiempo saco por la bragueta del pantalón y empiezo a lamer con ansias. Mi lengua gruesa, húmeda y caliente, acaricia lentamente tu glande, hago circulitos y empiezo a sentir el sabor salado de tu líquido pre seminal, me excito más aún metiendo y sacando tu miembro de mi boca velozmente y quiero que acabes dentro, deseo tragar tu esperma para sentirme tuya.

Un chorro caliente, espeso y abundante de leche se estrella en mi lengua saciando mi sed de esencia viril, luego otro y otro hasta llenarme la boca, me apresuro a tragar porque no quiero desperdiciar nada, amo estos momentos de sumisión y me siento completa por haberte hecho gozar y ser la receptora de tu hombría líquida.

Tu respiración se desacelera pero tu verga sigue erecta e invitándome a seguir disfrutando, vamos a la cama y tus besos no se hacen esperar, compartimos el sabor de tu orgasmo mientras tus manos inquietas me aprietan las tetas, las amasan, las acarician y juegan con mis pezones duros y sensibles, con rapidez los liberas de su prisión de tela para que desaparezcan en tu boca, succionas y lames con delicadeza mis botoncitos rosados, gimo sin parar, estoy a tu merced, entregada a las oleadas de placer que me regalas con cada toque, cada lamida y cada palabra.

-Te voy a cojer- me decís mientras me arrancas la tanga
-¡si papito, cojeme toda!, ah ah aaaaah, ¡haceme tuya!

Estoy boca arriba y te tengo entre mis piernas, las levantas y mi cola queda expuesta para recibirte, ansío este momento y no te haces esperar, siento como se abre camino tu miembro en mi culo palpitante, primero la cabeza, como un ariete intentando atravesar las puertas de un castillo va penetrando mi ano aún comprimido. Después el tronco enhiesto llena mi cavidad por completo,

me siento poseída y feliz, te tengo todo dentro mío y puedo ver tu cara de lujuria al verme entregada a tus antojos, de a poco inicias el vaivén metiéndola y sacándola lentamente hasta que la música de gemidos y respiraciones entrecortadas hacen que el ritmo sea mucho más rápido y placentero, tu pene venoso estimula cada milímetro de mi cola y no puedo dejar de tener espasmos y gritar de absoluto y delicioso placer -¡seguí así papito!, ¡no pares, no pares!, ¡quiero sentirte acabar dentro mío!, ¡llenáme de leche!, ¡así así así!, ¡haceme tuya hijo de puta!

Entre bramidos y embestidas me decís -¿te gusta puta?, te voy a hacer mía, te voy a enseñar a ser hembra, vas a saber lo que es tener un macho que te coja bien.

Siento que no doy más, el orgasmo es inminente, me arqueo a punto de estallar y sin control empiezo eyacular interminablemente mientras me inundas con tu leche caliente mi interior marcándome como de tu propiedad.

Estamos sudados, empapados en saliva y fluidos, olemos a sexo, lujuria, deseo y amor, no tenemos la menor intención de separarnos y así nos dormimos, vos como mi hombre y yo siendo tu mujer a pesar que la naturaleza se empeñe en lo contrario.

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