La creación del TransBurdel (II): Aumenta el staff

enviado por Marianne

La creación del TransBurdel (II): Aumenta el staff

CAPITULO I

Mara tenía muy claro que con el actual ritmo de demanda de los servicios del TransBurdel, ella sola no podría atender a todos. En sólo cuatro días, ya tenían más de 10 clientes fijos, y el boca a boca estaba corriendo como un reguero de pólvora. Dónde podrían conseguir más chicas como ella, perras insaciables, dispuestas a todo por una buena pija, ansiosas de tener su culo rellenado o mamarse una terrible pija? De sólo pensarlo, ya estaba a mil. En su calentura, tuvo una idea. Fue hasta la oficina de Marcos y Miguel para contarles, pero antes de entrar, los gemidos que provenían de adentro dejaban entrever que la idea debería esperar. Mara abrió la puerta delicadamente, para no interrumpir a los chicos, y tal vez tener la posibilidad de pajearse viéndolos. Nunca había visto a los chicos cogiendo entre ellos, y la idea de verlos en vivo le hacía explotar la cabeza. Miguel estaba echado sobre el escritorio, con la cintura flexionada, ofreciendo su apetitoso culo a Marcos, que lo cogía con pasión. La pija de Marcos entraba y salía, brillante por la lubricación, en el hambriento culo de Miguel, que gemía casi como ella misma lo hacía cuando gozaba de una buena pija. Mara entró sigilosamente a la oficina, y se acomodó en uno de los confortables sillones. Levantando su vestido, se quitó la tanga, y su propia pija asomó tiesa como un mástil. Mara no dudó, y mientras se metía tres dedos en su redondísimo y perfecto culo, con la otra mano pajeaba su pija casi obsesivamente, mientras su vista estaba clavada en cómo Marcos bombeaba el culo de su enamorada pareja. En pocos segundos más, Marcos gruñía gravemente, mientras Miguel arqueaba su espalda y recibía dentro de él la leche de su apasionado hombre. La imagen fue demasiado para Mara, que acabó casi al mismo tiempo, expulsando enormes chorros de su propia leche, manchando sillón, mesa ratona y alfombra, todo al mismo tiempo.
Los chicos miraron a Mara sorprendidos pero casi divertidos de verla gozar de esa forma, y le sonrieron. Mara, reponiéndose del intenso orgasmo, abrió sus ojos sólo para encontrar las miradas y sonrisas de sus dos jefes, y devolverles la sonrisa, a manera de agradecimiento. Marcos, extrayendo su pija del culo saciado de Miguel, tomó unas toallitas húmedas del escritorio y se las acercó a Mara, que se limpió con sumo cuidado, pensando en que pronto llegaría otro de sus clientes VIP. Se cambió de lugar hasta una de las sillas del escritorio, y le comunicó a sus jefes que tenía una idea para incrementar el staff de chicas del TransBurdel, ya que era obvio que ella sola no podría atender la demanda que se estaba generando.
Miguel se acomodó la ropa, guardando dentro de él la tibia leche de su marido, mientras que Marcos se limpiaba un poco la pija con una toallita, y se volvía a cerrar el pantalón. Los dos hombres escucharon atentamente.
- "Necesitamos aumentar el staff de chicas como yo. Es casi imposible que las consigamos entre la comunidad trans actual, pero tampoco ustedes quieren reclutar nuevas chicas como lo hicieron conmigo. ¿Y si fuera yo la que recluta nuevas chicas? Usando la droga que desarrollaron, yo podría convertir chicos, incluso héteros, en putas insaciables como yo. Sabemos que nuestros clientes son super-exclusivos, y no queremos perder ninguno haciéndolo una puta, pero podríamos buscar en sitios de encuentros, usando un perfil mío, jugando a seducirlos, y los seleccionaríamos de acuerdo a los parámetros que usaron para elegirme a mí. Cuando tuviéramos un candidato, yo aceptaría una cita, y usando la droga y las técnicas que usaron conmigo, en cuestión de uno o dos meses tendríamos otra chica trabajando con nosotros. Qué opinan?
Marcos y Miguel se miraron, y después de unos segundos, Miguel dejó claro que a él no le gustaba la idea. "No es nuestra intención joderle la vida a nadie", dijo. Mara lo miró fríamente, y volviendo su vista a Marcos les respondió: "sin embargo, no tuvieron prurito en hacerme la puta que soy ahora. Pero eso es pasado. Soy increíblemente feliz, y se los debo a ustedes. Por favor, déjenme hacer la prueba con uno solo. Si no funciona, o si creemos que le generamos un sufrimiento, dejaremos de hacerlo inmediatamente".
Miguel seguía rehusándose, pero Marcos estaba convencido. El negocio era brillante, y la clientela había crecido exponencialmente. La agenda de Mara estaba cubierta por las próximas dos semanas, y los pedidos no paraban de entrar. Había que conseguir más chicas, rápidamente. Marcos tomó a Miguel del brazo, y lo llevó aparte, para tratar de convencerlo. Hablaron en voz baja durante unos segundos, hasta que Miguel, visiblemente molesto, salió de la oficina rompiendo en llanto. Marcos le dijo a Mara que aceptaba, y que se despreocupara que él mismo se ocuparía de manejar el perfil de ella en los sitios de encuentros, e identificaría los posibles candidatos para cubrir las "vacantes".
Mara salió de la oficina, y volvió al salón, preparándose para su próximo cliente. Marcos le había explicado que el siguiente era un empresario extravagante, millonario, y que había contratado el resto de la tarde y toda la noche para estar con ella. Mara sintió una íntima satisfacción al saberse tan deseada y se dispuso a arreglarse un poco más.

CAPITULO II

El empresario llegó puntualmente a la cita. Un hombre joven, en sus tempranos treintas, con un cuerpo pequeño, delicado, pero claramente cuidado. Mara lo recibió como acostumbraba, rodeando el cuello del poderoso hombre con sus delgados brazos, y besándolo como si se tratara del amante que volvía de la guerra, al que no veía hacía meses. El hombre aceptó el recibimiento con gran gusto, y a poco de estar besando a esa diosa con amorosa pasión, pasó a acariciarla primero y manosearla después casi con depravada obsesión. Mara se dejaba toquetear por el hombre, un poco por saber de la capacidad económica del tipo y otro poco porque ya estaba terriblemente caliente, y quería calentar a ese macho para que la cogiera bien duro como a ella le gustaba. Las delicadas manos de Mara recorrían la entrepierna del hombre, acariciando la pija ya endurecida por sobre el pantalón. El tipo levantó el vestido de Mara, pero ella lo detuvo y le susurró al oído: "esta es la recepción, desesperadito. Vamos a una habitación." Tomó al hombre de la mano, y lo guio hasta la mejor suite del TransBurdel, sabiendo que ese hombre no objetaría los astronómicos costos de todos los servicios. Sería puta, pero tenía buen sentido para los negocios.
Apenas entraron a la habitación, Mara desnudó al hombre con maestría. Se quedó extasiada apreciando el cuerpo desnudo de ese hombre. Delgado, sus mínimos músculos se marcaban en su abdomen y sus piernas. Su piel era excesivamente suave, demasiado para un hombre, y se notaba que recibía tratamientos de depilación de gran calidad. Sus manos eran delicadísimas, con delgados dedos rematados en uñas perfectamente cuidadas, y su pelo era claramente perfecto. Sus delicados y pequeños pies tenían señales de ser frecuentemente tratados con extremos cuidados. Los ojos de Mara brillaban mientras recorría con sus manos la masculina femineidad de ese hombre, lo que aumentaba su ya extrema excitación. El hombre, terriblemente excitado y con su pija totalmente dura y enrojecida, besaba a Mara con desesperación. Ella se bajó el cierre del vestido, y el hombre se lo quitó rápida pero delicadamente. Mara estaba excitadísima, y temía que su brutal erección venciera la resistencia de su tanga trucadora, pero no podía pensar en otra cosa que recibir la pija de ese hombre dentro suyo. Con veloz habilidad, el hombre le quitó a Mara el delicado corpiño de encaje violeta, que resaltaba sus perfectas tetas, y empezó a chuparle los pezones como si quisiera extraer de ellos algún secreto néctar. Mara sólo podía gemir intensamente con el placer que estaba sintiendo. Sin darle tiempo a reaccionar, el hombre se arrodilló frente a ella y le quitó la tanga, dejando expuesta la enorme pija de Mara, que estaba terriblemente dura, ya totalmente cubierta en su presemen. En un rápido movimiento, el hombre se introdujo la pija de Mara en la boca, y comenzó a chuparla como todo un experto, impidiendo que ella hiciera cualquier cosa para quitarle esa poderosa pija de su golosa boca. Mara estaba entregada a darle placer, y el hombre la estaba haciendo gozar como ella nunca había imaginado que lo haría. En segundos, Mara estaba a punto de acabar, y ese tipo lo sabía. Ella iba a darle la leche a él, todo lo contrario de lo que había imaginado un rato antes.
Mara acabó copiosamente dentro de la boca del hombre, que deglutió con ansiedad toda la leche de la perfecta puta. Cuando no quedaba ni una gota, Mara se dejó caer sobre la cama, mientras el hombre se recostaba a su lado. Se quedaron en silencio, mirando su reflejo en el espejo del techo. Finalmente, Mara rompió el silencio:
- "Sos el primer cliente que quiere eso. Me tomaste por sorpresa. Nunca lo hubiera imaginado."
El hombre quedó en silencio, mirándola ahora a los ojos, hasta que la vergüenza le invadió el rostro y debió bajar la mirada. Sólo atinó a decir: "perdón". Inmediatamente, Mara lo tomó del mentón y levantando su rostro, le dijo, mirando directo a sus ojos: "jamás pidas perdón por algo que pase acá. Sentite libre de hacer todo lo que quieras. Se vos mismo. Estoy acá para complacerte de todas las formas que quieras. Soy TU puta."
El tipo murmuró: "yo quiero ser TU puta…". Mara quedó azorada. No sabía cómo responder a esa declaración. Pensó rápidamente, y finalmente besó al hombre con ardiente pasión. Hundió su lengua dentro de la golosa boca que acababa de mamarla, y sus brazos envolvieron el cuerpo desnudo de ese tipo que acababa de confesar que quería ser su puta. A medida que lo seguía besando, su excitación iba volviendo rápidamente. Sus manos acariciaban primero las nalgas del hombre, para luego apretarlas, clavarles las uñas, abrirlas de par en par. Con su boca invadida por la lengua de Mara, el hombre sólo podía gemir ante las expertas caricias de la ardiente mujer. Cuando la pija de Mara estaba nuevamente erecta, ella rompió el beso y, mirándolo nuevamente a los ojos, le dijo, con la voz más dulce y seductora que pudo: "querés ser mi puta? Te voy a cumplir el deseo. Hoy te vas a convertir en mi puta, la más puta. Vas a salir de acá dudando de seguir siendo un hombre. Es lo que vos querés?" Los ojos del hombre estaban llenos de agradecimiento, excitación, deseo, lujuria… Apenas pudo balbucear un tímido "sí". Mara se puso de pie, y caminó hasta un disimulado placard de la habitación. Abrió la puerta, y de una cajonera en su interior, extrajo una tanga, un pequeño soutien y unas medias de red con silicona, todo negro, y se lo arrojó a la cama al hombre, que miraba extasiado. Mara le ordenó: "vestite con esto, putita". El hombre obedeció. Cuando terminó de colocarse las prendas, Mara lo llevó hasta el espejo de la pared, y le ordenó mirarse. La visión del tipo lo hizo acabarse en la tanga, lo que llenó a Mara de placer. "Sos tan puta", le dijo, mientras el tipo seguía extasiado recorriendo su cuerpo con sus manos. Mara lo tomó de la cintura, y nuevamente hundió su lengua en la boca de su nueva puta. El hombre retribuyó el beso con ardiente lujuria, entrelazando su lengua con la de Mara en una tórrida lucha, mientras la mujer le recorría el cuerpo con manos deseosas. Finalmente, empujó al hombre a la cama, que cayó de espaldas, y se arrojó sobre él. Le abrió las piernas casi con violencia, y apartó la tanga de la raja del culo de su aputasado hombre, que miraba con anhelo cómo Mara lo estaba convirtiendo en un pedazo de carne a punto de ser cogido. Mara, arrodillada en la cama frente a él, tenía la pija erguida y empapada. Se calzó los pies del tipo en sus hombros, y acercó la cabeza de su pija al ansioso culo del tipo, y en un solo empujón, estuvo totalmente dentro de él, que soltó un ahogado grito de dolor, pero que inmediatamente comenzó a gemir, en un tono cada vez más alto, asumiendo el papel de puta que tanto quería interpretar. El bombeo de Mara no se hizo esperar, y en pocos segundos el tipo se había convertido en la perra putísima que quería ser desde que entró al TransBurdel. Mara gruñía en cada bombeo, y el tipo gemía soltando grititos de placer, hasta que ella no pudo contenerse más, y acabó dentro del culo de su puta, llenándolo con su ardiente leche, iniciando la conversión de ese poderoso hombre en una ardiente perra en celo. Cuando hubo terminado, se echó al lado de su putita, y se quedó extasiada acariciando los delicados cabellos de su dudoso hombre.
Después de unos minutos, Mara finalmente dijo:
- "Te gustó? Era lo que vos querías? Te hice sacar la puta que tenías adentro, no? Cómo vamos a hacer ahora para que esa puta quiera volver a esconderse dentro tuyo? Estoy segura que en tu cabeza ahora está grabado el deseo de sentirte así todo el tiempo."
Mara elegía cuidadosamente las palabras, pensando en que tal vez ya había conseguido su primer candidato para convertirlo en una nueva compañera de trabajo. El hombre no contestó, y siguió mirándose extasiado en el espejo del techo. Vestía aún la lencería que lo hacía sentirse tan bien. Mara tomó entonces el teléfono de la mesa de luz, y habló en voz muy baja, cortando en forma casi inmediata. En menos de un minuto, un delicado timbre les hacía saber que el pedido de Mara se encontraba ya en el pasadizo de la mesa carrito de la habitación, así que ella fue hasta allí y extrajo lo que había pedido por teléfono. El hombre miró sorprendido primero, y una sonrisa iluminó su rostro, cuando vio a Mara con un conjunto de cosméticos, los zapatos de altísimo taco y la peluca de largos bucles negro azabache que ella traía en sus manos. Sólo con la mirada, Mara le ordenó sentarse frente al espejo, y en pocos minutos, lo maquilló y le colocó la peluca. Se agachó frente a él y le calzó los hermosos zapatos. Cuando terminó, se apartó de enfrente para permitirle verse al espejo, con la lencería y ahora maquillado y luciendo la peluca. En el espejo, una hermosa morocha de rasgos delicados le devolvía la mirada. Mara lo ayudó a pararse y, por primera vez en su vida, se vio como siempre quiso sentirse. Una increíble mujer, con estilizadas piernas, que ayudadas por los tacos le marcaban un portentoso culo, que ya había demostrado estar hambriento de pija. El hombre se volvió hacia Mara, la abrazó y balbuceó un "gracias", que Mara retribuyó con un ardiente beso en los labios. "Tenemos que buscarte un nombre, putita", le dijo al oído. El hombre susurró: "Jeannette". Mara se rio, haciendo que Jeannette se ruborizara, y le dijo en voz alta: "hasta tenías el nombre adentro, puta. Hoy es el primer día de tu nueva vida. Te voy a convertir en una puta de lujo como yo. Vas a ser mi compañera de trabajo, y cuando yo quiera, mi amante, también. Me encanta lo puta que sos." Esas palabras resonaron en la cabeza de Jeannette, que saboreaba el momento y se estremecía de pensar en su futuro.
Casi sin darle tiempo a reaccionar, Jeannette forzó a Mara boca arriba sobre la cama, y se sentó con una rodilla a cada lado de las caderas de la incrédula puta, alineando la nuevamente excitada pija de Mara con su insaciable culo. Mara no pudo más que pensar: "Esta perra ardiente hace poco entró como un hombre que se sentía dueño del mundo, y ahora lo único que anhela es una pija adentro suyo". Cuando Jeannette sintió que Mara estaba lista, con un rápido movimiento de su mano guio la pija dura hacia dentro de su aún dilatado y lubricado culo, que alegremente recibió otra vez ese rígido pedazo de carne que tanto le había hecho gozar hace pocos minutos. En cuanto llegó hasta el fondo, Jeannette miró hacia el techo, y vio, totalmente empalada, cómo los últimos rastros de su masculinidad se habían disipado por completo, sabiendo en ese instante que su nueva vida de puta insaciable había comenzado. Inició su movimiento de cabalgarle la pija a su amante, para demostrarle que ella también era insaciablemente perra, que su único deseo ahora era el de satisfacer pijas, y que estaba dispuesta a aprender todo lo que Mara quisiera enseñarle. Soñó con enormes tetas, un culo perfecto, una cinturita que sería la envidia de cualquier modelo de pasarela, y hasta comenzó a imaginar quiénes serían sus clientes. Todo esto mientras cabalgaba implacable en busca del orgasmo que sabía iba a experimentar en cuanto esa pija gloriosa la llenara nuevamente de leche. En cuanto Mara acabó, Jeannette desparramó su propia leche sobre las tetas y cara de su amante, que se llenó de placer al ver a su nueva puta gozando de esa forma. Después de unos segundos, Jeannette se tumbó sobre la cama, al lado de Mara, y se besaron dulcemente por largos minutos.
Mara se sentó en la cama, y mirando seriamente a Jeannette, le dijo:
- "Lo que tenemos que descubrir es qué hacer con tu viejo yo. No queremos que mañana venga la policía a buscar al exitoso empresario que desapareció. Qué pensás hacer?"
Jeannette respondió, simulando, de la forma que mejor le salió, una sedosa voz femenina:
- "En mi fuero más íntimo siempre supe que éste día llegaría. Tengo todo preparado. Prestame el teléfono."
Jeannette marcó un número, y volviendo a la voz de hombre con la que había llegado al TransBurdel, comenzó a dar instrucciones, explicó que estaba cansado de sus responsabilidades y que se retiraría a dar la vuelta al mundo en su barco. Marcó luego otro número, y le dio instrucciones a alguien de su extrema confianza de que hundiera su barco en el Pacífico, dentro de unos días, para luego denunciar su desaparición, y, preguntándole a Mara los datos completos de la empresa TransBurdel, le ordenó a su empleado transferir todos los pagos de su seguro de vida y sus activos a nombre de la empresa. Cuando cortó la comunicación, miró a Mara, que aún no podía creer lo sucedido. Cerrando los ojos por unos segundos, Jeanette volvió a ser ella misma, y le dijo a Mara:
- "Listo. El Señor González Lynch no existe más. Ya soy totalmente Jeannette."
Y caminando hasta Mara, la envolvió en sus brazos y le dio un profundo beso, que despertó nuevamente en Mara el deseo. Jeannette se arrojó sobre la cama, en cuatro patas, y entregó su ardiente culo a la incansable pija de Mara, que la volvió a coger reiteradas veces, intercalando con golosas mamadas de la nueva puta, que a cada polvo aumentaba su adicción por la pija y la leche, tal como a Mara misma le había pasado tan poco tiempo atrás.

CAPITULO III

Mara entró intempestivamente a la oficina de Miguel y Marcos, y los encontró discutiendo amargamente. Cuando la vieron, cesaron la conversación inmediatamente, y Miguel salió, dejando a Mara a solas con Marcos. Mara le preguntó a Marcos si estaba bien, pero la respuesta fue el silencio. Mara decidió cambiar de tema rápidamente, y le dijo a Marcos: "tengo una noticia fantástica. Quiero presentarte a nuestra nueva puta." Y haciendo una seña, hizo entrar a Jeannette a la oficina. Marcos quedó extasiado. Reconoció a quien había entrado hacía un par de horas como cliente, pero sólo por los rasgos del rostro. Por lo demás, y pese a la ausencia de tetas, era toda una mujer. Marcos sonrió, mirando a Mara sin terminar de entender. Mara explicó entonces lo sucedido, y Marcos miró incrédulo a Jeannette, quien le corroboró que en los próximos días la empresa estaría recibiendo una inyección de capital cercana a los dos millones de dólares, y la única condición era que le dieran casa, comida y trabajo. Trabajo de puta. Puta insaciable. Jeannette se había descubierto una adoradora de pijas, y no quería otra cosa en su vida. Ser cogida y llenada de leche a cada instante era su mayor anhelo. Marcos sonrió, y le dijo que se quedara tranquila, que así sería de aquí en más. Jeannette se acercó con andar felino hasta Marcos, y con extrema gracia se arrodilló delante de él, extrayendo su pija del pantalón y comenzando una mamada que Marcos difícilmente olvidaría. En ese momento, Miguel regresó a la oficina y, viendo el cuadro, salió corriendo por el pasillo, llorando desconsoladamente. Mara corrió detrás de él, alcanzándolo en la recepción.
En la oficina, Marcos cogía la boca de Jeannette con ardorosa lujuria, sintiendo como la personalidad de la nueva puta iba creciendo hasta que nada de su vida pasada quedaba en su mente. Marcos explotó dentro de la boca de Jeannette, que tragó golosamente toda la leche de su nuevo jefe, y mirándolo a los ojos desde su posición de sumisión, sólo atinó a decir: "gracias". Marcos ayudó a Jeannette a ponerse de pie, y abrazándola con firmeza, plantó sus labios contra los de la puta, y se dedicó a besarla por larguísimos minutos.
En la recepción, Mara abrazaba a un desconsolado Miguel. El joven lloraba, descorazonado. Se sentía desolado, traicionado. Su mente corría desbocada y se debatía entre el dolor y la ira. Mara no atinaba a decir nada, salvo tenerlo fuertemente abrazado y acariciar su pelo. En un instante de debilidad, lo miró a los ojos y ambos se trenzaron en un húmedo beso, de despecho para Miguel, y de recuerdos recientes para Mara, que vio dentro de su cabeza la imagen de aquella primera mamada cuando aún era Martín. La excitación de Mara fue inmediata. Miguel ahora la acariciaba y Mara le retribuía pellizcándole las nalgas, y agarrándoselas con firmeza. Rompiendo el beso, Mara le susurró: "quiero cogerte". Miguel le sonrió, y se dejó llevar a una habitación, donde Mara asumió nuevamente su rol dominante, y le ordenó al muchacho arrodillarse frente a ella. En segundos, Miguel le estaba mamando la pija, y Mara gemía de enorme placer. Ese hombre que la había convertido en puta era ahora un sumiso dependiente, que le chupaba la pija con enorme dedicación. La febril imaginación de Mara lo imaginó vestido de hembra, y esa imagen en su cabeza la hizo acabar en el acto. Miguel tragó la leche, sin hacer la más mínima objeción. En ese momento, Marcos y Jeannette entraron a la habitación, y Mara se anticipó: "y, si vos te cogés a mi amante, yo me cojo a tu marido. Algún problema?" Marcos se rio, y Miguel se sintió humillado, pero por alguna extraña razón, eso lo excitó aún más. En pocos segundos, los cuatro estaban sobre la cama, en una ardiente orgía, donde no faltaban mamadas, penetraciones, pajas, besos y caricias, y donde la leche chorreaba entre los cuerpos ardientes. Cuando todos estaban agotados, Miguel le dijo a Marcos, sin siquiera mirarlo a los ojos: "perdón, mi amor". A lo que Marcos respondió tomándolo de la mano, y llevándoselo a la oficina, dejando a Mara y a Jeannette en una romántica sesión de caricias y franeleo, hasta que ambas se durmieron abrazadas.

CAPITULO IV
La relación entre Marcos y Miguel era ahora totalmente distinta, gracias a Mara. Marcos era el macho dominante, y Miguel el putito sumiso. Mara era la dominatriz y Jeannette la esclava sexual. Faltaba mucho para que Jeannette pudiera empezar a atender clientes, pero el rol de cada uno dentro del TransBurdel estaba claro. Marcos y Mara se encerraron en la oficina para definir cómo seguiría la empresa, mientras Miguel limpiaba el lugar, y Jeannette entrenaba su insaciable culo con una legión de juguetes de todos los tamaños y formas, mientras veía un video tras otro de sexo con mujeres trans, mezclado con clases de maquillaje, de caminar con tacos, de cómo chupar una pija, y vuelta a los videos porno.
Marcos le mostró a una complacida Mara los perfiles que había creado en su nombre en los distintos sitios de encuentros. Entre ambos, acordaron que buscarían dos chicas más, y con la inyección de capital de Jeannette los procesos de conversión serían mucho más rápidos. De hecho, ya le habían administrado a Jeannette varias dosis de las hormonas de rápida acción, y sabían que en una semana sus tetas serían dignas de las mejores actrices porno. Mara bromeó con Marcos diciéndole que quería una turca bien pronto, porque a esa puta le encantaba que la bañaran en leche. Y siguiendo la broma, le dijo si no le gustaría ver a Miguel convertido en Micaela. Marcos se puso serio, y le hizo saber a Mara que su marido, aún en su nuevo rol, estaba fuera de los límites. Mara entendió que nunca más debería intentar feminizar a Miguel, y se concentró en elegir a los candidatos junto a Marcos, ya que el perfil había atraído unos veinte contactos de jóvenes ansiosos de conocer a Mara. A ella le sorprendía lo poco creativos que esos chicos podían ser, siempre poniendo fotos de sus pijas en los perfiles, pero dentro de ella esas imágenes sólo alimentaban su calentura. Cuando no habían llegado a la mitad de los perfiles, pero habían descartado todos, Mara era un fuego. Su culo estaba totalmente dilatado y deseaba una pija casi con desesperación. Marcos estaba concentrado en los perfiles, pero usando su arte, ella hizo que se enfocara en ella misma. En instantes, Marcos tenía a Mara acostada sobre el escritorio, con las piernas al aire, abiertas en V, bombeándole sin piedad la enorme pija que la había hecho tan puta. Mara gozaba como perra, y no hizo falta demasiado para que su culo recibiera la ardiente leche de su jefe, que vio con placer cómo la pija de la puta la bañaba con su propia leche, desparramando gruesas cuerdas del blanco líquido en sus tetas y su cara.
Eso tranquilizó a Mara por un rato, que siguió junto a Marcos eligiendo una posible nueva víctima, a la que eligieron entre ambos, de los perfiles restantes.
Ubicaron dos candidatos: uno era un chico de unos 20 años, aunque decía tener 25, rubio, bastante alto y delgado. Un cuerpo fácilmente feminizable, y por lo que se leía en el perfil, claramente dispuesto a convertirse en una puta más del TransBurdel. Sólo había que descubrir, chat mediante, si su situación personal era fácil de resolver, o si tenía demasiados vínculos. El otro, un morochito del Gran Buenos Aires, era un desafío mayor para la conversión, porque tenía un cuerpo más masculino. Pero la idea de tener una puta morochita era muy atractiva. Complementaría la oferta de Jeannette y ella misma perfectamente. Sólo faltaba entonces conversar con los dos, y tomar la decisión. Marcos se ocuparía de hacerse pasar por Mara en el chat, mientras Mara volvía a su tarea de atender a los clientes, ya que le esperaban dos reservas consecutivas en las próximas horas. Le vendría bien, porque ya estaba nuevamente caliente, con tanta foto de pija y lomos de hombres desnudos.
En la habitación, Jeannette había reemplazado los juguetes por la pija de Miguel, a quien había asaltado por sorpresa cuando lo vio limpiando desnudo una de las habitaciones. Miguel bombeaba su espléndida pija en el culo ya altamente entrenado de Jeannette, cuyas incipientes tetas crecían rápidamente. Si bien a Miguel no le gustaba demasiado eso, su permanente calentura lo ayudaba a cogerse a la putita fácilmente. Sumado a lo hambriento de ese culo, cuyos entrenados músculos eran capaces de masajearle la pija con maravillosa perfección, Miguel bombeaba alegremente llegando a chocar sus huevos contra los de la increíblemente ardiente Jeannette, que a esta altura era una máquina sexual. La puta gemía y se movía como una gata en celo, mientras la durísima pija iba acercándose al ansiado orgasmo. Miguel acabó dentro de Jeannette, que sólo podía emitir gritos agudos y gemidos mientras sentía que su propia pija repartía chorros de leche, impulsados por la sensación inigualable de tener su culo lleno de la leche de otro hombre.

CAPITULO V
Mara había terminado con los dos clientes, a quienes ya les había hecho propaganda de la próxima incorporación que pronto estaría disponible para atenderlos, y dejándolos bien intrigados por la inminente llegada de Jeannette, la putita sumisa, para las próximas semanas. Volvió a la oficina, y encontró a Marcos pajeándose delante de la computadora. Eso le arrancó una carcajada, e hizo sonrojar a Marcos, que le confesó que el pendejo morochito lo había puesto a mil con el chat. Por su inexistente entorno, era el candidato elegido, sin dudas, aunque les fuese a dar más trabajo lograr una perra atractiva, dadas las características físicas. Si bien Kevin, tal el nombre del chico, era delgado y sin rasgos demasiado masculinos, su estatura normal y unos mínimos rollitos exigirían algo más que hormonas, pija y leche. Marcos le mostró a Mara el chat que había tenido con el chico, y Mara se calentó tanto que sin más se puso a ayudar a Marcos con la paja que había quedado inconclusa. Cuando estaba a punto de acabar, Mara se metió la pija de Marcos en la boca, y se tragó toda la leche que aquél soltó, dándole a Mara la satisfacción de saberse toda una perra.
El encuentro estaba agendado para el día siguiente, a primera hora de la tarde, aprovechando que por ser Domingo, no había citas de clientes en todo el día. Marcos había engañado a Kevin diciéndole que esta era la casa de Mara. Bueno, no era tan incorrecto después de todo, pero tampoco era totalmente cierto. Es que no, el TransBurdel no era una casa, precisamente. Tampoco le dijo nunca que Mara era una mujer trans. Marcos y Mara prepararon todo para la trampa, y Marcos administró a Mara la droga que, interactuando con su leche, convertiría a un desprevenido Kevin en la nueva putita que necesitaban para completar el staff del TransBurdel.
Kevin tocó el timbre puntualmente a las 2 de la tarde del Domingo, desconociendo el futuro que se abría delante de él. Mara lo recibió con un deshabillé de encaje blanco transparente, dejando ver su erótica lencería también blanca, que contrastaba con el intenso bronceado de su piel. Las piernas de Mara estaban enfundadas en unas sensuales medias de red blancas, que remataban en un portaligas, y sus pies estaban calzados en unas sandalias de altísimo taco, también blancas. El chico quedó boquiabierto ante la visión de una diosa del sexo. Le ofreció a Mara un humilde ramo de flores, mostrando un lado románticamente antiguo, y traspuso la puerta de lo que pronto se convertiría en su residencia permanente. A Kevin le llamaba la atención la grandiosa opulencia de ese living, con tres pantallas de LED en lugar de sólo una, que ahora estaban apagadas pero que debían ser espectaculares, y unos finísimos muebles que él sólo había visto en películas o en televisión.
Se sentaron en el sillón de la recepción, que Mara describió como su living, y comenzaron a conversar, aunque Mara lo avanzaba buscando despertar la excitación plena del muchachito. Kevin temblaba de terror, porque lo que imaginaba sería una cita para un café y conocerse, era claramente un encuentro para coger hasta que los cuerpos no aguantaran. No esperaba una concreción tan rápida ni directa, y Mara jugaba con eso, divirtiéndose como el gato se divierte al cazar un ratoncito asustado. El plan iba a la perfección, y se acercaba el momento de atrapar a la presa. Lo habían discutido hasta el hartazgo con Marcos. Mara se cubriría sus labios con su propia leche, que obviamente contendría la droga, y en cuanto Kevin la besase, estaría perdido, ya que esas escasas gotas de leche drogada lo convertirían primero en un adicto insaciable, y luego, usando el control mental y las hormonas, en la puta que necesitaban para el TransBurdel. Cuando la conversación había alcanzado un tono altamente erótico, y Mara notaba ya la tremenda erección en los pantalones de Kevin, le pidió un minuto para ir al baño. Salió de la recepción, y directamente en el pasillo, se mojó los dedos con su presemen, que untó por sus labios generosamente. Se acomodó la tanga nuevamente, para que no se notara su pija terriblemente erecta, y volvió a la sala, acercándose decididamente hasta Kevin, lo tomó de un brazo y, haciéndolo incorporar, lo besó apasionadamente. El chico, aterrado, estaba paralizado. Luego, la experta lengua de Mara, lo fue soltando, y comenzó a retribuir el beso con la misma ardorosa pasión con la que Mara lo besaba. Había algo extraño en ese beso. Era misterioso, magnético. Kevin no podía despegar sus labios de los de Mara, y su lengua actuaba casi por sí sola, recorriendo los labios de la diosa, entrando en su boca, relajándose para dejar que la lengua de ella lo invadiera, pasando largos minutos de esa forma. Cuando Mara lo soltó, Kevin estaba condenado. Su boca estaba ansiosa, pero no sabía de qué. Mara le volvió a pedir un instante, y en el pasillo untó grandes cantidades de su presemen sobre sus propios pezones. Volvió a la sala, y se sentó sobre Kevin, de frente a él, trabando su cadera con las rodillas, de forma de tenerlo sujetado y sumiso. Se quitó el corpiño, entregándole sus tetas cubiertas de presemen, que Kevin comenzó a lamer lentamente primero, acelerando a medida que el efecto de la droga iba en aumento, hasta chuparlas con brutal determinación. Cuando Mara estuvo segura de que el chico no tenía escapatoria, se quitó la tanga, dejando aparecer su enrojecida pija erecta. Kevin sintió un sudor frío corriendo por su espalda. Lo habían engañado! No era una mujer, pensó. Sin embargo, no había podido quitar la vista de esa pija. El presemen que asomaba tenía un olor atrapante. Su boca se llenaba de saliva, como si estuviese ansiosa por experimentar ese misterioso sabor. Forzando la situación, Mara acercó sus caderas a la cabeza del chico, dejando su pija a escasos centímetros de la boca del paralizado Kevin, que no sabía qué hacer. Jamás se había imaginado una pija que no fuera la suya, pero la de ésta diosa no lo dejaba ni pestañear. Casi sin darse cuenta, comenzó a besar la cabeza que se le ofrecía, y al sentir el sabor del presemen, identificándolo como el mismo sabor de las tetas y los labios de Mara, abrió su boca, dejándose invadir, por primera vez en su vida, por una enorme y durísima pija. Sin quererlo, cerró sus labios sobre el invasor, y el extraño sabor lo invadió por completo. Su propia pija era un mástil, y la que tenía en la boca lo estaba volviendo loco. Mara comenzó el movimiento de entra y sale, llegando hasta su garganta, haciendo que el chico tuviese terribles arcadas y el reflejo de vómito lo dejara al borde de arruinar todo el momento. Con enorme experiencia, Mara guio al chico hasta que el reflejo desapareció y Kevin podía disfrutar de ese delicioso pedazo de carne en su boca. Kevin era ahora quien subía y bajaba, chupando su primera pija, jugando con los huevos de Mara, deseando sentir la leche real en su boca. Por la excitación que le causaba la situación, a Mara le llevó muy poco complacer la ansiosa boca del chico, que cuando sintió la leche llenándola transmitió al cuerpo un orgasmo de tal magnitud, que la propia leche del chico traspasó la tela del pantalón, empapando toda su entrepierna. Mara retiró su pija de la boca del chico, que azorado la miraba sin comprender. Sus bocas se cerraron en un intenso beso, donde Mara marcó nuevamente su carácter dominante. El chico estaba sometido, y ya no tendría vuelta atrás. Kevin no sabía en qué momento había sucedido, pero ahora las tres pantallas mostraban imágenes de chicos como él siendo dominados y poseídos por hermosas diosas trans, que los cogían sin misericordia. Lo curioso, pensó, es que los chicos disfrutaban e imploraban por más y más. Si la leche tenía el sabor que acababa de experimentar, era obvio que cualquiera imploraría por más.
Después de unos minutos de besarse intensamente, Kevin sólo podía pensar en ser poseído como los putitos de los videos. Quería experimentar en su propio cuerpo esa sensación de ser penetrado y llenado por una inmensa y ardiente pija, que lo cogiera y lo hiciera sentir como nunca se había sentido. Lo intrigaba lo que la leche podría causar llenándole su culito, cuando en su boca había tenido aquel efecto.
Mara tomó al chico del brazo, y lo guio hasta una habitación. Allí ya estaba todo preparado, con las pantallas mostrando a los chicos siendo cogidos en distintas posiciones, gozando e implorando pija a los gritos. En pocos segundos, Kevin estaba desnudo, ubicado en cuatro patas sobre la cama, implorando a Mara que lo cogiese. Ella no lo hizo esperar, y con un violento empujón lo penetró, causándole lágrimas de dolor, que rápidamente fueron sustituidas por lágrimas de placer primero, y gemidos y palabras sueltas después. De su boca, sólo se escuchaba: "cogeme", "haceme tuyo", "quiero tu pija", "dame la leche"… Cuando Kevin miraba una pantalla, veía que los chicos no solo eran cogidos por las mujeres trans, sino que fornidos hombres participaban del encuentro dándoles de mamar enormes pijas. Interiormente, Kevin se retorcía de envidia por esos chicos que tenían dos pijas para ellos solos. En uno de esos momentos de éxtasis en que Kevin había cerrado los ojos, Marcos entró a la habitación, totalmente desnudo y con su pija increíblemente erecta. Se posicionó de rodillas en la cama de forma de dejar su pija a escasos centímetros de la boca de Kevin, que cuando abrió los ojos se emocionó por sentir cumplido su deseo, y abrió su boca engullendo los treinta centímetros de Marcos, que le cogió la boca con fiereza, regalándole una descarga de leche cargada con la droga, que Kevin deglutió con gula, mientras Mara le llenaba el culo con más leche drogada, y Kevin acababa dejando las sábanas empapadas. Los tres quedaron en la cama, exhaustos, mientras Mara le susurraba a Kevin al oído cómo le gustaría cogérselo siempre, lo bueno que era tener una pija siempre adentro, cómo Kevin iba a sentirse pleno si recibía pijas a cada instante y lo indescriptiblemente bueno que era sentirse toda una puta. Kevin asimilaba las palabras casi como instrucciones en su cerebro. Sus ojos captaban las imágenes de aquellos chicos, que ahora se movían felinamente sobre las camas atendiendo gigantescas pijas de velludos hombres, y cómo gozaban, gimiendo y dando agudos grititos de placer al ser penetrados. Kevin no sabía por qué, pero se sentía más y más deseoso de ser como esos chicos, tan sumisos, tan suaves, tan femeninos. Incluso había uno que le llamaba la atención, porque parecía que hasta tetitas tenía. Miró a Marcos a su lado, y no pudiendo resistir la tentación, le imploró que se lo cogiera. Marcos le dio el gusto, y mientras le bombeaba el culo violentamente, Mara le seguía susurrando sus instrucciones al oído. "Te encantaría ser una puta", "naciste para tener una pija adentro", "nunca sentiste mayor placer que el ser cogida como una perra", y muchísimas cosas más, cuidando siempre de marcarle la persona femenina, para que él asumiese esa personalidad. En pocos minutos, Kevin imploraba: "haceme tu puta", "cogete a ésta perra", "llename con tu leche y dejame sentirme totalmente hembra". Marcos seguía bombeando, tratando de retrasar su orgasmo para que las instrucciones quedasen totalmente grabadas en la cabeza del chico, sabiendo que cuando acabase, el chico lo haría también y era necesario que ya estuviera totalmente mentalizado de querer ser una puta. En un momento, el condicionamiento de Kevin quedó claro cuando dijo: "quiero ser como Mara". Eso bastó para que Marcos acabara dentro del culo hambriento de Kevin, que, al sentir la leche llenándolo, gimió, acabando él también. Marcos y Mara salieron de la habitación, dejando a Kevin sólo, con videos que lo seguirían condicionando, viendo como los chicos se iban transformando en chicas trans, no contra su voluntad, sino deseosas de hacerlo. Mara pensó que a continuación vendrían los videos de lencería, de maquillaje, de pajas con juguetes, hasta que finalmente Kevin rogaría por sus hormonas y sus tetas. Finalmente, Kevin imploraría terminar trabajando en el TransBurdel.
Varias horas después, Mara, Jeannette, Miguel y Marcos entraron a la habitación, para encontrar a Kevin totalmente maquillado, con tanga, corpiño, medias, portaligas, peluca y sandalias de taco, de piernas abiertas de par en par, con dos dildos enterrados en su culo y un tercero en su boca, mirando con ojos perdidos los videos de chicas trans, ya totalmente transformadas, siendo cogidas por múltiples pijas.
Kevin miró a Mara, que acariciándole la cabeza, le dijo: "hola, Keyra, bienvenida a tu nueva vida". Le quitó el dildo de la boca, y le ofreció su propia pija, que Keyra comenzó a mamar como toda una experta. Marcos reemplazó los dildos del culo de Keyra con su enorme pija, mientras que Jeannette y Miguel se paraban a ambos lados para ofrecerle sus pijas para ser pajeadas, cosa que Keyra hizo, como toda una puta insaciable.

CAPITULO VI
Con Keyra iniciando el camino, y con Jeannette prácticamente a punto de comenzar a atender a los clientes, Mara y Marcos se concentraron en buscar la chica que les faltaba. Marcos había chateado con aquel rubio que decía tener más edad de la que tenía, pero el chico vivía con sus padres, que seguramente lo buscarían si desaparecía.
La relación entre Marcos y Miguel se había deteriorado totalmente, y a Marcos ya no lo excitaba su pareja. Aunque Miguel era un excelente chupapijas, las habilidades inigualables de Mara y Jeannette habían hecho que Marcos no sintiera ya el mismo placer. Mientras seguían descartando perfiles, en la cabeza de Marcos rondaba más y más aquella broma de Mara, de ver a Miguel convertido en Micaela. Lo aceptaría Miguel? Marcos creía que no. Miguel nunca había dicho que quería ser mujer. Mucho menos, puta. Y mucho menos, insaciable. Lo que Marcos no sabía es que en todas las sesiones de sexo violento que Mara le había propinado a Miguel, había estado haciendo un trabajo fino de condicionamiento. Miguel ya era totalmente sumiso, y sólo necesitaba un empujoncito para convertirse en putita. De hecho, Mara lo había hecho vestir en secreto con un uniforme de mucamita sexy, con el que se lo había cogido reiteradas veces, con cierta reticencia de parte de Miguel al principio, pero que ahora el chico vestía siempre para esperarla en su habitación, y atenderla como a ella le gustaba. Asimismo, como Miguel hacía tiempo que no entrenaba en el gimnasio a la par de Marcos, su cuerpo estaba mucho menos marcado, y con una dieta y la ayuda de las hormonas, seguramente se vería fantástica en poco tiempo. Pero Mara sabía que Marcos no quería eso, por eso nunca lo mencionó. Aunque tenía la secreta esperanza de que algún día le dieran luz verde, y pudiera terminar la feminización de Miguel, hasta convertirlo en Micaela.
Marcos estaba agotado de descartar perfiles. Ninguno llenaba los requisitos de cuerpo y los muy pocos que habían encontrado, a poco de comenzar a chatear les contaban de sus compromisos de vida, lo que los hacía descartarlos. En un momento que discutían con Mara sobre un posible candidato, que a Marcos no le convencía, Miguel irrumpió en la oficina. Marcos quedó estupefacto, al ver a Miguel con el uniforme de mucamita, que, plumero en mano, entró y comenzó a sacudir el polvo de los muebles, totalmente ajeno a la presencia de su marido y de su amante dominatriz.
Marcos vociferó: "qué carajo estás haciendo? Te volviste puta? No tenés más dignidad?". Mara no atinó a decir nada, esperando la respuesta de Miguel, que, con lágrimas en los ojos, giró hasta quedar frente a Marcos, y le soltó: "si ya no me amás, cuál es tu problema? Acá la única que me coge últimamente es Mara, y a ella le encanta como me queda el uniforme. Me dice cosas dulces, me conquista, y me hace su puta. Cómo no voy a querer complacerla?". Miguel dejó el plumero y salió de la oficina sin decir nada más. Marcos volvió la cabeza hacia Mara, que sólo pudo bajar la mirada. "Al final lo hiciste, perra, eh? Convertiste a mi marido en tu putita. Te atiende bien en la cama? Te saca bien la leche?" Mara tomó esto como un desafío, y le respondió: "Totalmente. La convertí en mi puta, y a ella le encanta. Sólo necesita un último empujón para convertirse definitivamente en Micaela. Ahora es una experta chupando pijas, entregando el culo, haciendo gozar a la pija de turno. Querés comprobarlo? Llamala, animate!" Marcos se quedó en silencio, pensativo. Qué era lo que le molestaba tanto, si realmente ya no amaba a Miguel? Y si esto había sido por libre decisión de su ex, no había nada que reprocharle a nadie. Es más, casi debía agradecerle a Mara. Si Miguel quería ser Micaela, quién era él para oponerse? Marcos llamó Miguel para que volviera a la oficina. Miguel entró, con la cabeza gacha y los ojos aún llorosos. Con la voz quebrada, dijo: "querés humillarme? Querés maltratarme y hacerme sentir mal por haberme descubierto a mí misma? Sí, te lo digo en femenino. Ésta soy yo. Ésta quiero ser. Te molesta?" Marcos la tomó en sus brazos, y la beso tiernamente. Con un hilo de voz, le dijo: "perdón. No sabía. En todo este tiempo, nunca lo supe ni lo pude ver. Te voy a pedir que me perdones, eternamente. Me alegra saber que finalmente sos quien vos querés ser. Quiero que sepas que te voy a apoyar en todo, y contá conmigo para todo lo que necesites para completar tu transformación en quien vos quieras." Miguel se largó a llorar de alegría, y abrazó a Marcos, que encontraba extraño que aquel delgado y frágil cuerpito fuera la misma persona con la que había compartido tanto tiempo, y tantas camas. Sería cierto lo que dijo Mara? Que ahora era una puta experta? Marcos se sintió mal por ese pensamiento, imaginando que esa persona había sido su marido por un largo tiempo, pero su malestar cesó cuando Miguel se arrodilló delante de él, y con enorme habilidad extrajo su pija del pantalón y empezó a mamársela muchísimo mejor de lo que había hecho nunca. Realmente, Mara era una gran entrenadora. Había convertido a Miguel, un hábil chupapijas, en una puta experta. En escasos segundos, Marcos acabó dentro de la boca de su ex, que, sin titubeos, engulló toda la leche mientras miraba sonriente a los ojos de su exmarido.
Mara miraba toda la escena sin decir palabra, pero su pija estaba a punto de explotar. Miguel se percató de eso, y se acercó hasta ella. Sin decir palabra, se llevó la pija de Mara a la boca, y continuó con el trabajo de succión que había hecho en su ex, pero Mara lo detuvo. Lo tomó de los brazos, y mirándolo a los ojos, le dijo: "mostrémosle a Marcos lo puta que es Micaela". Micaela no necesitó otra palabra. En segundos estaba recostada en el sillón de la oficina, con sus piernas abiertas hacia el cielo, y con Mara llenándole el culo de pija, como había aprendido a hacer ahora. Mara le soltaba frases que incitaban cada vez más su femineidad: "tomá putita, gozá de mi pija", "sos toda una puta, ya no tenés que fingir más", "mostrale a tu exmarido lo puta que yo te hice", hasta que finalmente, cuando Mara explotó dentro de ella, Micaela soltó, mirando a Mara a los ojos: "SOY MICAELA, Y NO ME PIENSO IR MAS. MIGUEL MURIO. NO PARES DE COGERME".
Marcos estaba sentado en su sillón, y veía a Micaela besándose ardorosamente con Mara. Cuando terminaron, Mara y Marcos acordaron empezar cuanto antes con el tratamiento hormonal de Micaela, que sólo atinaba a sonreír, feliz de saberse reconocida y aceptada. Marcos miró a Micaela, y le dijo: "estás segura que querés ser una puta insaciable?". La respuesta no se hizo esperar: "no quiero ser. Soy. Vení machote, dejame que te muestre." Micaela se sentó de espaldas, sobre la pija de Marcos, y rebotando como un conejo de dibujos animados, hizo que Marcos le llenara el culo con su leche, como antes, con la diferencia que ahora ella era una experta puta, y no más un putito sumiso. Su exmarido sonrió, y mirando a Mara, dijo: "creo que ya tenemos el plantel completo." Mara le devolvió la sonrisa, y con voz pícara le respondió: "por lo menos, hasta que abramos sucursales." Micaela aún tenía la pija de Marcos dentro de su culo, y mirando a Mara, soltó una carcajada.


EPILOGO
Tres semanas después, entre hormonas y cirugías, nada de los rasgos masculinos quedaban en el cuerpo o el rostro de Keyra, que ansiosamente esperaba en la recepción a su primer cliente, mientras charlaba animadamente con Jeannette, cuyas descomunales tetas desbordaban el exótico vestido escotado rojo con lentejuelas. En la habitación, Mara cogía salvajemente a una casi totalmente transformada Micaela, mientras en la oficina un joven candidato rubio, en una inimaginada primera experiencia, le chupaba la pija a Marcos, que pensaba en el brillante negocio que no paraba de darles satisfacciones.

Ver más relatos eróticos