El Chico del Salón III

enviado por Nautika

Pasaron pocos días luego de la experiencia tan excitante que tuve al ponerme las pantimedias y la truza de seda negra de mi madre. El único inconveniente era que quería repetir la experiencia pues tenía muchas ganas de hacerlo pero de un modo más prolongado, con mayor serenidad y menos nerviosismo. Sin embargo sentía temor de que alguien me pudiera descubrir así que un día decidí hacerlo pero con la seguridad de que me iba a quedar solo en casa por un buen rato. Fue un martes de mañana en el cual la última en salir de casa fue mi madre y que no regresaría hasta la tarde. Una vez que salió me fui directo a su cómoda para buscar prendas como medias, calzones, sostenes y es ahí donde descubrí un fantástico baby doll de seda de color negro que me pareció muy sensual. De ahí me fui al cuarto de mi hermana donde encontré unos tacos altos tipo sandalias que pensé me podía calzar mejor que los anteriores. Al fin y al cabo pensé que me podía probar varios ya que tenía tiempo suficiente. Con menos nerviosismo que la primera vez se me ocurrió algo mucho más excitante y atrevido y es que me imaginé como me vería maquillada. El único problema es que jamás lo había hecho y solo lo había visto hacerlo a mi hermana y a mi madre por lo que trataría de intentarlo como ellas. Así que lo primero que hice fue desnudarme por completo para comenzar mi transformación de varón a mujer. Me lavé bien el rostro y luego me puse unos polvos de color rosado en las mejillas, de ahí me puse color en la cejas con un lápiz especial que usa mi madre y luego me pinté los labios con un color rojo intenso de un lápiz labial que encontré en el dormitorio de mi hermana. Para verme mas coqueta me dibujé un lunar en la mejilla derecha y me puse a contemplarme en el espejo, pero noté que el cabello no me favorecía y como no había ninguna peluca que me pudiera poner me fui a buscar un pañuelo de seda. Encontré uno de colores que me lo coloqué en la cabeza como lo hacen algunas distinguidas señoras y la verdad que me quedó muy bien. Ahora sí me veía con un rostro sensual y muy femenina al verme en el espejo, me daban ganas de poseerme a mí misma. Pero faltaba lo mejor, ponerme una por una las prendas que tanto me excitaban. Así entré a mi cuarto y lo primero que hice fue ponerme el brassiere pero esta vez se me ocurrió rellenar las copas con un par de medias, mientras lo hacía pensé que si no me estaba volviendo una mariquita, pero esto no me detuvo, ya que seguí convencido que lo único que deseaba era excitarme conmigo mismo. Luego me puse unas medias de nylon de color negro que estaban hermosas y al final me puse la truza cuidando de mojarla ya que sentía que nuevamente mi órgano se empezaba humedecer. Luego me puse los tacos altos que me resultaban más cómodos que los de la primera vez y así me puse encima el baby doll de seda negra. Me sentía una Reyna, me veía como una señora que derrocha sensualidad con deseos de ser poseída y acariciada, manoseada…. Los tacos me hacían más alta y así salí de mi cuarto y me fui caminando despacio y directo para verme en el espejo grande que estaba colocado cerca del salón. Cuando me ví de cuerpo entero en el espejo no podía creer lo que veía, se me veía como una hembra excitante, apetecible, femenina y provocadora y me hacía acordar al chico del salón en su versión fémina, aunque podía advertir algunas diferencias. Mi piernas estaban muy bien contorneadas y mi pies se veían excitante. Me daba la vuelta y me miraba el trasero mientras me manoseaba las piernas. Para relajarme un poco de lo excitada que estaba, me fui a buscar un cigarrillo y luego de ello, en un ataque de erotismo desenfrenado conecté la radio y me puse a bailar para mí misma mientras me contemplaba y me coqueteaba conmigo mismo en el espejo. Estaba extasiada de lo bien que me veía con el baby doll de seda negro y con los tacos y las medias, con la pañoleta en mi cabeza y los labios pintados. No resistía la ardiente sensación que había dentro de mí, y claro, sentía que algo se me endurecía entre las piernas con el deseo intenso de poseerme tal cual se me veía en el espejo. Me sentaba como una señora en el salón mientras fumaba el cigarrillo y me sentía inquieta me volvía al espejo para mirarme de frente y me volteaba moviendo mis caderas con erotismo y sensualidad diciéndome, aquí estoy para ti.

Ver más relatos eróticos