Todo pasa por algo

enviado por Mariana

Teo se mudó al edificio en el que vivo hace casi un año.
Vive en el primer piso, justo arriba de mi departamento.
Todavía recuerdo la electricidad corriendo por mi cuerpo la primera vez que lo ví.
Me impactó.
Por supuesto que para los vecinos soy un hombre, nadie conoce lo que pasa puertas adentro de mi departamento.
Con Teo conversamos varias veces.
Confieso que me resultaba difícil hacerlo porque la mujer que hay en mi quería salir a la superficie.
Varias noches escuché los gemidos de las chicas que trae.
Recuerdo una noche en especial, creo que todos los vecinos recuerdan esa noche.
La chica gritaba “Eso no, eso no”, “Así no quiero”.
A los pocos días nos encontramos en el supermercado, me pidió disculpas por el griterío y, hablando entre hombres, me contó que la chica, Mariana, no quería saber nada con el sexo anal y que a él era lo que más le gustaba.
No puedo explicar como me sentí.
Llegué a casa, me “vestí”, me tiré sobre la cama y acabé pensando en él.

Los sábados hago las compras para no tener que salir el domingo.
El domingo me levanto temprano, me ducho y me “visto”.
Sé que soy linda.
Mi cuerpo es más de mujer que de hombre.
Estoy totalmente depilada.
Tengo el pelo largo. Durante la semana lo llevo recogido con una colita, el domingo lo libero.
Estoy así todo el día y lo disfruto mucho.

Hoy, como todos los domingos, me levanté temprano, me duché, me vestí, me maquillé, pinté mis uñas.
Como es temprano lo primero que hago es salir al patio y regar las plantas, a esa hora están todos durmiendo y ya me había acostumbrado a que nadie me viera.
De pronto sentí que alguien me observaba, levanté la vista, era Teo.
Entré rápidamente avergonzada.
Un minuto después sonó el timbre.
Di por descontado que era Teo.
Le abrí.
- Por favor no le cuentes a nadie. Le imploré apenas cerré la puerta.
- Quedate tranquila, no voy a decir nada. ¿Cómo te llamas?
- ¿Cómo querés que me llame? Nunca pensé un nombre.
Pensó un instante.
- Mariana ¿Te gusta?
Rápidamente recordé la conversación en el supermercado.
- Sí, me gusta. ¿Tomás un café?
- Sí.
Fui a la cocina pensando que se cumplía un sueño, Teo estaba en mi casa aceptándome como soy y el nombre que me había puesto tenía sus implicancias.
Estaba frente a la mesada preparando las tazas cuando sentí sus manos tomándome la cintura.
La electricidad volvió a recorrer mi cuerpo.
Sentí su cuerpo contra el mío.
- Me lo imaginaba. Susurró en mi oído izquierdo.
Giré, pasé mis brazos por sobre cuello.
- ¿Qué te imaginabas?
Mi boca buscó la de él, se resistió, insistí… me rompió la boca mientras sus manos me tomaban las nalgas.
De ahí en adelante fue hermoso lo que pasó.
Hace un rato nos levantamos, Teo fue al supermercado a comprar a comprar bebidas y postre, yo aprovecho para escribir mientras preparo el almuerzo.

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