La tienda de lencería

enviado por Agustina

La siguiente es una fantasía que se me ocurrió a partir de una situación muy especial, estaba paseando por el centro de Buenos Aires, cuando entrando en una galería vi al fondo que había una casa de lencería. Pero se trataba de aquella lencería que tanto nos gusta a nosotras, con ese estilo fetiche tan encantador, corsets, medias con portaligas, bombachas cavadas, etc.

Hasta aquí, todo bárbaro, hasta que en determinado momento veo que el negocio era atendido por una mujer, y que en un rincón de la vidriera había un cartelito que decía "Tenemos Bombachas para Traviesas".

Bueno, como ustedes ya saben, a mi imaginación no se le puede dejar un momento suelta ya que después se niega a hacerme caso. Así, este fantasía transcurre de la siguiente manera: "Estaba paseando por el Centro de Buenos Aires, totalmente fascinada (y excitada también) mirando las vidrieras de algunos Sex Shops y en algunas ocasiones también entrando para chusmear un poco, fantaseando con algún que otro dildo entrando en mi cola, o quizá preguntándome como me quedaría ese corset tan hermoso que veía colgado de una pared cuando vi un local de lencería, casi escondido en el fondo de una galería que tenía unas cosas realmente hermosas.

Cada una de ellas era mas bonita que la otra, corsets con portaligas, medias, zapatos y botas realmente espectaculares. Estaba totalmente fascinada mirando cada una de las cosas que mostraban cuando de pronto me percaté de un pequeño cartel en la esquina de la vidriera "Tenemos bombachas para Traviesas" decía, bueno, como te imaginas esto hizo que mi ansiedad se elevara aún mas y luego de un momento me decidí a invertir mis ahorros en un corset que estaba casi llamándome para que me lo probara.

Al entrar, me atiende una morocha de unos cuarenta años, con el cabello negro volcado sobre sus hombros, era realmente muy bonita y el par de anteojos que tenía incluso la hacían parecer mas sensual, estaba detrás del mostrador y lo único que pude apreciar en este primer momento era que tenía un traje sastre ajustado y entallado, de color azul oscuro, el mostrador ocultaba el resto de sus piernas.

Luego de los saludos habituales, me preguntó que estaba buscando, le indiqué que quería ver el corset que tenían en vidriera y entonces como si fuera la cosa mas natural del mundo me preguntó: - Es para vos? Algo en la manera en que me lo preguntó me hizo saber que no saldría espantada y en vez de recurrir a la habitual mentira de "Es para mi esposa, quiero hacerle un regalo", le confesé que efectivamente era para mi.

De alguna manera debo haber adivinado ya que simplemente me contestó: - Suerte que no me dijiste que era para tu esposa, jamás te hubiera creído. Se levantó del banco en el que estaba sentada detrás del mostrador, y comenzó a hurgar entre los estantes mientras buscaba según me había dicho el talle que me iría bien.

- Que color te gusta? - Negro le dije, mientras la miraba buscar, tenía unas nalgas redondas que se notaban por debajo de la ajustada pollera, ahora podía verla de cuerpo entero y sus piernas eran muy bonitas, con un par de medias de color carne y unos zapatos negros de taco alto que la estilizaban mas todavía.

Al darse vuelta con una caja en la mano me sorpendió mirándola y lejos de ignorarme simplemente se limitó a preguntarme: - Acaso te gustan mis piernas? Debo confesarte algo, como hombre jamás he sido un seductor y en este caso, no sabía como responerle, sabía que me estaba seduciendo o que al menos estaba jugando un poco conmigo, pero en ese momento me quedé mudo.

- No importa, a ver, este talle te debe quedar espectacular, querés probártelo? - Aquí, y si entra alguien? - No te preocupés, subí por esa escalera y allí encontrarás el depósito, vas a poder probártelo tranquilo, pero eso si, llamame que quiero ver como te queda.

Subí entonces por una escalera en caracol y finalmente llegué al paraíso, arriba tenían estantes y mas estantes de una ropa espectacular, corsets, bombachas, medias, lencería, accesorios, zapatos, botas, en fin, todo lo que puedas imaginar.

Me quité la camisa y me dispuse a probar el corset, era muy bonito, abrochado con cordones a la espalda, con corpiño armado, de cuero y con ballenas a los costados, en el frente y detrás, con seis cintas de portaligas que me hicieron pensar en comprar también un par de medias.

Cuando lo tuve puesto me di cuenta que necesitaría alguien que ajustara los cordones a la espalda ya que yo misma no podría hacerlo. La llamé entonces (con cierto temblor en mi voz) para que viera como me había quedado.

Al subir, se acercó a mi y me dijo: - Esperá que tenemos que ajustarlo un poco.

Me hizo dar vuelta y comenzó a tirar de los cordones, poco a poco mi talle se fue reduciendo y vi como mi pantalón quedaba cada vez mas holgado en mi cintura.

Cuando creía que ya no podría respirar si continuaba, se detuvo, y alejándose un paso me contemplo. Yo estaba sumamente inhibido, era la primera vez que una total desconocida me estaba contemplando y mas aún, estaba tan solo a medias cambiado, del cuello hasta la cintura tenía una figura femenina, pero de la cintura hacia abajo todavía era un hombre, jeans, zapatos,etc., y ni hablar de mi cara, me miraba al espejo y veía un mamarracho, algo hecho a medias.

Pero parece que ella tenía mas imaginación que yo, ya que simplemente me dijo: - Te queda divino, me encantaría poder verte totalmente vestida (noté que ya me hablaba como si fuese mujer) - Si pero ahora no puedo, además, aquí no tengo mis cosas. Me limité a responderle.

- Eso no importa, mirá a tu alrededor, te parece que puede faltar algo de ropa? - Pero igual aquí no vas a cambiarte, porqué no hacemos una cosa? Dentro de dos horas cierro el negocio, volvé en ese momento, elegimos algo para vos y en mi casa me mostrás como te queda. Te parece? Quien podía negarse a semejante propuesta. Yo por lo menos no, así que con su ayuda me saqué el corset y me dispuse a tomar un café, dar una vuelta y hacer un poco de tiempo hasta que llegase la hora convenida.

Jamás dos horas pasaron tan lentamente, caminé, volví a pasar por el frente de la galería varias veces, recorrí vidrieras y ya no sabía que mas hacer para que el tiempo pasara. Además, mi ansiedad iba en aumento a medida que surgían ciertas ideas, ¿Y si ahora vuelvo y está cerrado?, ¿Si tan solo quería burlarse de mí?, ¿Que hago si cuando vuelvo el local está lleno de gente?.

Pero el hecho es que las dos horas pasaron finalmente y no podía quedarme con la intriga de que sucedería, así que puntualmente estuve de nuevo en el local, al llegar todos mis temores se disiparon cuando la ví sola.

- Volviste, estaba esperándote porque me muero de ganas de verte.

Tomó un bolso entonces y colocó dentro el corset que anteriormente me había probado, mientras tanto subió la escalera y me preguntaba: - Que número calzás? Le respondí y supuse que habría ido a buscar algún par de zapatos para mí, luego de unos diez minutos en los cuales escuche cajas que se movían, bajó con el bolso lleno, me lo alcanzó para que lo sostuviera y comprobé que estaba bastante pesado.

- Puse toda la ropa que podés llegar a necesitar, cuando vió que estaba por mirar dentro del bolso me dijo: - No, es una sorpresa.

Salimos y ella cerró el local, yo llevaba el bolso colgado de mi hombro preguntándome que cosas habría puesto en el.

Caminamos un par de cuadras hasta el auto y mientras nos dirigíamos a su casa comenzamos a charlar de temas intrascendentes, entrando en confianza y rompiendo el hielo.

De pronto comenzó a personalizar mas la conversación y me preguntaba casi exclusivamente por mis gustos: - Hace mucho que te transformás?. Diez años mas o menos.

- Cual es tu nombre de mujer?. Georgina - Sos activa o pasiva?. Las dos cosas.

- Te gustan las mujeres?. Me encantan.

- Y los hombres?. Mas o menos, prefiero las mujeres.

- Y los travestis?. Me encantan también.

- Y el sexo con aparatos?. Me excita muchísimo.

- Sos casi una lesbiana entonces? A veces creo que esa es mi mejor definición.

- Sabés que yo también, a veces salgo con hombres, de hecho estoy casada pero me encanta estar con otra mujer.

- Pero, no me dijiste que estabas casada? Tu marido sabe de tus gustos? - No solo sabe sino que además le encantan, el es también travesti y me enloquece cuando se transforma.

- Pero te gusta cambiar un poco? Pregunté tratando de entender sus gustos.

- Si por supuesto que sí, pero además tenés que saber algo Anita, a Susana no le permito que sea activa conmigo, soy una mujr dominante y a lo largo del tiempo no solo me he transformado en su Ama sino que soy la responsable de haberlo femeneizado, así conmigo tan tiene permitido ser pasiva como si se tratase de una mujer.

- Pero a ella también le gusta de ves en cuando ser activa y disfrutar de cogerse a una putita. Y como últimamente se ha comportado bien he decidido darle un premio y ese premio sos vos.

Ahora estaba entendiendo como era la historia.

- Entendés, vos vas a ser un regalo para Susana y yo me voy a encargar de prepararte. Te gusta? Si me gustaba, ya estaba excitadísima de solo pensarlo, Mabel (tal era su nombre) me transformaría en toda una puta y me entregaría a su marido, pero no la versión masculina de su marido sino a Susana.

- Casi no puedo esperar que suceda, fue lo único que pude decirle.

- No te preocupés que ya llegamos.

Estacionó el auto y nos dirigimos hacia su departamento, al llegar a el tomó el bolso de mis manos y me hizo acompañarla a la habitación.

- Desnudate.

Lo hizo en un tono de voz completamente diferente al que había utilizado hasta este momento, ahora ya no era una mujer charlando y tratando de conocer mis gustos. Noté inmediatamente que se había transformado en una Ama y que yo me hallaba en sus dominios.

Quedé completamente desnudo frente a ella y luego de examinarme me dijo: - Andá, ahí tenés el baño, quiero que cuando salgas no tengas un solo pelo en todo el cuerpo, dentro del botiquín encontrarás las cosas necesarias, yo mientras tanto iré preparando todo esto.

Fui al baño y tal como había dicho dentro del botiquín encontré todo lo que necesitaba para afeitar todo mi cuerpo, incluso había un gran espejo de cuerpo entero en la pared que parecía estar colocado ex profeso para que pudiera depilarme por completo.

Demoré bastante pero cuando terminé, no había un solo cabello en todo mi cuerpo. Salí del baño y entonces ví que en la cama estaba acomodada toda la ropa que había tomado del negocio, zapatos negros de taco aguja, un par de medias negras con costura, el corset que ya me había probado, un par de mitones calados que imaginé cubrirían casi todo mi brazo, accesorios, un juego de diez uñas negras bastante largas, sobre la cómoda vi una peluca negra y maniquí vestía un uniforme de mucama francesa con volados blancos que imaginé no demoraría mucho en tenerlo puesto.

- Bueno, lo primero que vamos a hacer es ocultar ese molesto pene que tenés ahí ya que hoy no lo usarás para nada.

- A ver, parate con las piernas abiertas. Así lo hice, y ella, parándose detrás mío acomodó mis testículos y tomó mi pene por su extremo tirándolo hacia atrás, cuando estuvo en la posición correcta, cortó un poco de cinta de embalar y con ella lo fijó en su nueva posición.

- Ahora podés sentarte en esa silla. Dijo indicándome una silla que se encontraba frente a un espejo.

Procedió entonces a maquillarme, sombras oscuras, una base pálida, pestañas postizas y los labios de un rojo intenso. Después me colocó un par de aros de colgar en mis orejas, fue hasta la cómoda y volvió con la peluca en sus manos.

Cuando me la colocó ya mi aspecto había cambiado radicalmente, mi rostro, con el maquillaje y la peluca era totalmente femenino, mi entrepierna no revelaba rastros de haber existido un pene allí antes.

Ahora vamos a poner la ropa.

Nuevamente pasamos por el ritual de colocarme el corset y ajustarlo a mi espalda, me alcanzó las medias, me las puse y las ajusté al portaligas, luego los mitones y los zapatos y finalmente una bombacha de talle alto que favorecía aún mas mi figura.

- Estirá la mano que ahora te voy a poner las uñas.

Obedecí sumisamente y procedió a pegarme las uñas en mis dedos, cuando terminó mis manos habían cambiado por completo, teniendo ahora un aspecto mucho mas femenino todavía.

- Pero todavía falta algo, dijo y abriendo un cajón de la cómoda, volvió con un par de pechos postizos de considerable tamaño mientras decía: - Tanto a Susana como a mi nos gustan las mujeres de pechos grandes.

Y realmente eran grandes, las prótesis que me había colocado llenaban por completo las tazas del corset y su peso brindaba además una sensación agradable al moverme.

- Ya estás casi lista, vamos a ponerte el uniforme así podés comenzar con tus tareas.

Me alcanzó el uniforme, el cual me puse y ella subió el cierre a mi espalda, cuando terminó me miré en el espejo y quedé fascinada con mi propia imagen, era no solo una sirvienta, sino que al mismo tiempo había conseguido que pareciera una viciosa.

Debió haber adivinado mis pensamientos ya que me dijo: - Que viciosa que parecés, estoy segura que te morís por tener una pija dentro tuyo y gozar como una perra, ustedes son todas iguales.

Me sentí intimidada por ella y lo único que pude hacer es bajar la cabeza y mirar el piso.

- Bueno, vení que ahora te voy a indicar cuales son tus tareas.

La seguí hasta el comedor sintiéndome toda una diosa, allí me dijo: - Ves esto como está, ahora son las siete de la tarde, quiero todo bien limpio y ordenado para las ocho, después vas, te metés en la cocina y preparás la comida para esta noche y cuidado con llegar a romper algo, está claro? Su tono de voz no dejaba lugar a dudas, así que inmediatamente comencé a ordenar el living, primero pasé la aspiradora por el piso y luego limpié todos los muebles. Mientras tanto, Mabel se sentó en un sillón de la sala y cruzó sus piernas y comenzó a leer un libro. Ocasionalmente me dirigía la palabra para indicarme algún sector que no había quedado a su gusto.

Cuanto terminé, le avisé que ya había finalizado con mis tareas y que me dirigía a la cocina.

Pasé la siguiente hora preparando la comida y cuando casi la tenía lista, se habían hecho las nueve de la noche, en ese momento, y después de las indicaciones de mi nueva Ama, fui preparando la mesa. Cuando estoy acomodando los platos y cubiertos, escucho unas llaves en la puerta, era el esposo de Mabel que estaba llegando.

Ella lo recibió con una dulzura que me llamó la atención, y mientras el se percataba de mi presencia y me examinaba de arriba a abajo Mabel le dijo: - Te gusta el premio que te conseguí, viste que te había prometido que si me obedecías el sábado pasado tendrías una recompensa? - La verdad que es linda y parece bastante putita. Respondió el marido de Mabel.

- Bueno, ahora andá a cambiarte y preparate mientras Ana pone la mesa que ya casi está lista la comida.

El, sin dirigirme la palabra, tomó su maletín y se dirigió al dormitorio, cerró la puerta y yo volví a quedarme sola con Mabel.

- Que mirás? Acaso no te había explicado que vos eras un premio? - Si Señora, es que me llamó la atención la forma en que usted se dirigió al Señor.

- Para que vayas sabiendo, el Señor solo existe fuera de este departamento, para el trabajo nada mas. Aquí adentro y con mis amigas es tan puta como vos.

- Es mas, querés saber porqué se ha ganado el premio? No esperó mi respuesta (aunque realmente estaba muerta de intriga) y me explicó.

- Sucede que el sábado pasado tuvimos una reunión con mis amigas y Susana desempeñó el mismo papel que vos ahora, pero con una pequeña diferencia.

Como ella ya está bien enseñada, después de la reunión la alquilé a mis amigas, absolutamente todas y cada una de ellas se la cogieron, cada vez con un consolador mas grande. Yo mientras tanto miraba y no sabés como me excité de verla entregándole la colita a todas ellas.

- Además, te dije que la había alquilado, hice unos buenos pesos esa noche y ahora ella está obteniendo su premio.

- Ahora seguí con tus tareas.

Volví a la cocina, terminé de preparar la comida y acomodé la mesa. Cuando fui a la sala para preguntarle a Mabel cuando podría servir la cena, vi que estaba con otra mujer.

- Vení Anita, quiero presentarte a Susana, me dijo.

Casi no pude reconocerla, la transformación era tan radical como la mía. Tenía una peluca de color castaño claro por debajo de los hombros, un maquillaje perfecto en la gama de los marrones, sus labios eran tremendamente sensuales y no pude resistirme a imaginarmela besándonos.

Su vestido era negro, con mangas largas y un escote cuadrado que dejaba entrever un par de senos, me pregunté inmediatamente como era esto posible, pero de cualquier forma, eran encantadores. Su cintura, marcaba el talle y las caderas, la pollera del vestido era ajustada al cuerpo, cayendo por encima de sus rodillas unos cinco centímetros, con un corte en su lateral que dejaba ver unas piernas hermosas, y finalmente tenía un par de botas de taco altísimo, negras por supuesto.

- Susana, esta es nuestra nueva criada, Ana.

Susana se acercó a mi, me dió un beso en la mejilla mientras me decía: - Hola hermosa, te dijo Mabel que sos muy bonita? - No tanto como vos Susana, atiné a decir.

- Viste que hermosas tetas que tiene? Dijo Mabel dirigiéndose a mi. - La obligué a operarse hace casi dos años ya, durante el día tiene que usar una faja para ocultarlas, pero vale la pena.

Realmente, no se como sería andar todo el día fajada, pero por lo que llegaba a ver, tenía que coincidir con Mabel, Susana tenía un par de pechos hermosos.

- Bueno, ahora basta de charla, después van a tener tiempo de conocerse ustedes, ahora andá a servir la comida.

De aquí en adelante, las cosas transcurrieron con cierta normalidad, serví la comida como toda una mucama y las atendí a las dos como si fuesen las señoras de la casa, mientras tanto ellas charlaban animadamente. Pero tampoco pude evitar notar que también hablaban de mi, la forma en que Susana me miraba e incluso, en un par de oportunidades las caricias que me dió en las piernas y la cola mientras retiraba la mesa.

Es mas, en determinado momento, Mabel dejó caer al piso un tenedor a fin de que tuviera que agacharme para recogerlo, por supuesto, al hacerlo, enseñé mis nalgas a Susana, quizá anticipandola de lo que disfrutaría dentro de poco tiempo.

- Bueno, dijo Mabel, yo voy a tomar un baño y a cambiarme.

Se levantó entonces y fue hacia la habitación cerrando la puerta y dejándome sola con Susana. Esta entonces se levantó, fue hasta el sillón y sentándose en el me hizo señas de que me sentara al lado suyo mientras me decía.

- Vení, sentate aquí al lado mío así charlamos un rato.

Bueno, era una manera de decir, a estas alturas creo que ninguna de las dos tenía muchas intenciones de charlar.

De igual forma, me senté a su lado, crucé las piernas y con ello mi falda subió un poco mas enseñando parte de mis muslos.

- Pero que lindas piernas que tenés? Me decía al tiempo que sus manos acariciaban mis rodillas.

Poco a poco fueron subiendo, sentía sus caricias recorriendo mis piernas y explorando mi cuerpo, hasta que finalmente llegaron a mi entrepierna, descrucé mis piernas entonces, dejandole el camino libre y ella por supuesto aprovechó la oportunidad. Que hermosa sensación, tenía mis genitales aprisionados por debajo de la bombacha pero de igual forma sus caricias me hicieron gemir de excitación.

- A ver, no seas arisca, mostrame que lindo cuerpo tenés. Y mientras decía esto, sentía como una de sus manos continuaba acariciando mi entrepierna mientras que la otra buscaba el cierre del uniforme en mi espalda.

Por supuesto, en esta posición nuestros rostros quedaron a escasos centímetros de distancia. No pude resistirme mas (y tampoco tenía intenciones de hacerlo) y acerqué mis labios a los suyos, cuando quise darme cuenta, nuestras bocas estaban abiertas y disfrutábamos de un hermoso beso de lengua (tampoco era cuestión de arruinar nuestro maquillaje).

Excitada yo también, comencé a buscar su entrepierna y acaricié el bulto que en ella se escondía, mientras que al mismo tiempo no pude resistirme a la tentación de amasar uno de esos pechos deliciosos que había deseado toda la noche.

- Ah, te gustan mis pechos? Querés verlos? Me encantaría, le respondí.

Ni bien terminé de decirlo, se levantó y con un solo movimiento desabrochó su vestido, y lo dejó caer a sus pies.

Lo que ví me excitó mas aún. Tenía puesto un portaligas ancho que comenzaba un poco mas arriba de su cintura y terminaba casi como si fuese una trusa, muy ajustado y elástico que le hacía una figura hermosa, al mismo tiempo, su corpiño media taza era de una delicadeza exquisita, negro con una puntilla sumamente delicada, del cual asomaba un hermoso par de pechos.

- Te gustan? Me preguntó - Me encantan y estoy muriendo por probarlos.

- Bueno, entonces vení a tomar la teta.

Mientras decía esto, tomó su pecho derecho y sacándolo con sus dos manos del corpiño, lo irguió y comenzó a lamer el pezón ella misma con la punta de su lengua, el solo verlo hizo que mi excitación aumentara aún mas.

Me acerqué y comencé a besar también con la punta de mi lengua ese delicioso pezón, Nuestras lenguas se rozaban también ocasionalmente, estuvimos así un momento hasta que ella se separó y me dijo: - Terminá de sacarte el uniforme.

Ya lo tenía desprendido así, que lo único que tuve que hacer fue dejar caer mis hombros para que el vestido acompañara este movimiento y cayera a mis pies.

Ella se quedó mirándome mientras con una de sus manos amasaba su pecho y con la otra acariciaba su entrepierna.

- Vení, probá un poquito de lo que tengo para vos.

Me acerqué y me arrodillé frente a ella y comencé a lamer y acariciar su bombacha sintiendo como su clítoris comenzaba a cobrar turgencia por debajo de ella, ya incluso se notaba un pequeño bulto, así que tomandolo con cuidado lo liberé de su prisión y lo introduje en mi boca, sintiendo como crecía dentro de ella.

Cuando alcanzó un tamaño considerable, comencé a balancearme masturbándola con mis labios, a veces lo retiraba por completo y recorría todo el largo de su miembro con mi lengua, otras veces la masturbaba con mis manos mientras introducía uno de sus testículos en mi boca y lo acariciaba con mi lengua también.

Mientras tanto escuchaba sus gemidos de placer.

Entonces me tomó de los hombros y separó un momento mi cabeza, - Esperá, me dijo y sentándose en el sillón con sus piernas abiertas - Así vamos a estar mas cómodas.

Me acerqué a ella una vez mas y arrodillándome, continué besando sus genitales, ocasionalmente la miraba a la cara para ver como continuaba entretenida lamiendo sus propios pechos y la sensación de ser toda una puta mas la visión que tenía me excitaban aún mas.

Finalmente no pude aguantar mas y le pedí: - Por favor, dejame que me siente en el, no aguanto mas.

Su única respuesta fue tomar un preservativo, colocárselo mirarme como esperando que por fin me sentara.

Por supuesto, no la hice esperar mucho, ella cerró sus piernas y mientras sostenía su pene erguido, yo me senté sobre el dandole la espalda, corrí mi bombacha de forma de que la entrada de mi cola quedara libre y separando mis nalgas con mis dos manos, relajé las piernas poco a poco sintiendo como entraba dentro mío.

Una vez así, apoyé mis manos en los brazos del sillón y comencé a moverme hacia arriba y abajo. Que delicia, además, luego de un tiempo ella también se dejó llevar por la excitación y comenzó a mover sus caderas.

Ahora era yo quien sostenía mi cuerpo en el aire y ella quien subía y bajaba, que delicia, estaba casi llorando de placer y pensaba que no podría suceder nada que me excitara mas. Que equivocada que estaba.

Susana me hizo dar vuelta y acostarme sobre la alfombra, luego se inclinó y colocando mis piernas sobre sus hombros, me penetró nuevamente, pero como sabrán de esta manera llega mucho mas adentro todavía, mientras tanto, yo veía como sus hermosas tetas se bamboleaban al compás de cada una de sus embestidas y casi inmediatamente las tomé entre mis manos y comencé a masajearlas.

Ella por otra parte, mientras continuaba embistiéndome, comenzó a lamer mis piernas produciéndo un agradable cosquilleo, fue bajando hasta llegar a mis pies y en ese momento, con una expresión sumamente lasciva, besó por completo mis zapatos introduciendo y lamiendo el taco metálico como si de un pequeño pene se tratase.

En este momento yo lo único que podía hacer era gemir con cada uno de sus movimientos, hasta que escucho la puerta de la habitación de Mabel, pensé que ella ya se habría bañado y cambiado y que vendría a anunciarnos que Susana ya había recibido su premio. Muy al contrario, tenía toda la intención de unirse a nosotras.

Giré mi cabeza para verla y a pesar de estar en una posición bastante incómoda como para contemplarla, lo que vi me quitó el aliento una vez mas.

En principio su pelo había sido recogido en una cola de caballo, tenía un par de guantes de cuero que llegaban casi hasta sus hombros. Luego un corset hecho de una sola pieza que cubría desde sus caderas hasta el busto, dejando sus pechos suspendidos como queriendo salir, un par de medias de red de una trama muy fina y un par de botas estilo bucaneras que llegaban hasta sus muslos, por supuesto con un taco aguja que nada tenía que envidiarle a mis zapatos.

Completaba su atuendo con una gargantilla de cuero cubriendo su cuello y su maquillaje se había transformado de alguna manera indefinible, haciendo sus rasgos mucho mas duros, incluso te diría mas masculinos, ahora no parecía tanto una mujer y si la hubiese visto en la calle no habría dudado en afirmar que era un travesti.

Sin embargo, la enorme prótesis que colgaba de su cintura atrajo mi mirada impidiéndo concentrarme en cualquier otra cosa.

Era increíble, ya había visto algunas así en películas pornográficas pero nunca tuve la oportunidad de tener una frente a mi.

En principio, llegaba casi hasta sus rodillas, de forma que se bamboleaba con cada uno de sus pasos, no era demasiado gruesa, quizá un poco mas que un pene normal, aunque si se iba ensanchando poco a poco hasta llegar a su base. Estaba hecha con un realismo fantástico, y si no hubiese sido por sus anormales proporciones cualquiera podría jurar que se trataba de un pene real.

- Ya la preparaste para mi. Dijo Mabel dirigiéndose a Susana.

- Creo que ya está lista.

- Pero, atiné a responder muerta de miedo, por favor, con eso me vas a lastimar, le dije imaginando semejante instrumento dentro mío enderezando mis intestinos.

- Quedate tranquila, ya vas a ver que lo disfrutarás como loca, además, ves que es muy flexible, dijo tomando la prótesis con ambas manos y moviéndola hacia los lados, te garantizo que no te va a lastimar.

Viendo mi duda decidió calmarme un poco y se acercó a Susana quien ya se había retirado de mí. Pensé que entonces se la introduciría a ella quien estaría acostumbrada a recibir semejante instrumento. Pero en realidad se limitó a dar un paso hasta colocarse cerca de ella, Susana entonces se sentó a sus pies y tomando la prótesis con ambas manos la introdujo en su boca.

Mabel me miró y me dijo: - Me encanta cuando hace eso, es la misma técnica que usan los tragasables en el circo, enderezás la garganta de forma que pueda entrar cualquier cosa. Y mientras lo decía miraba asombrada como Susana echaba su cabeza hacia atrás y comenzaba a empujar con sus dos manos la prótesis hacia adentro.

Poco a poco fue entrando el gigantesco pene artificial de Mabel, mientras Susana se acercaba cada vez mas a su base, no podía creer lo que estaba viendo, finalmente, la tragó en toda su longitud hasta que llegó a los testículos de latex que tenía en su base. Mi Dios, el otro extremo debía hallarse en su estómago ! - Muy bien Susana, ya le enseñaste a Ana como te la tragabas y como premio hoy podrás tener un orgasmo, pero solo cuando yo te lo diga.

Susana entonces empezó poco a poco a retirar la prótesis de dentro suyo, Mabel en todo este tiempo no se había movido ni siquiera un centímetro, consciente de que podría lastimar a su pareja.

Cuando estuvo libre nuevamente, Susana se acercó a mi y mientras me tomaba por los hombros para acomodarme en cuatro patas me decía: - Vas a ver que te va a gustar, además es cierto, es muy flexible y es imposible que te lastime, y no sabés que placer cuando te estimula bien adentro.

- Hoy vas a acabar como una verdadera putita Ana, vas a llegar al orgasmo sin siquiera tocarte tus genitales.

Mi cola ya estaba lubricada, pero de igual forma, mientras me decía esto, vi que Susana preparaba el pene de su Ama tomándolo con sus dos manos y lubricándolo en toda su extensión, después de esto, mientras Mabel separaba mis nalgas, Susana tomó su prótesis y la colocó en la entrada de mi cola.

No fue Mabel quien se movió, sino que por el contrario, fue Susana, quien guiándola con sus manos fue introduciéndo el sensacional aparato dentro mío centímetro a centímetro. Poco a poco sentí como entraba en mí y también comencé a experimentar sensaciones nuevas cuando la prótesis comenzó a estimular zonas que hasta ese momento habían permanecido vírgenes.

En eso tenían razon, esperaba sufrir y en realidad su textura era sumamente suave y flexible, así que al contrario de mis expectativas, comencé a gemir una vez mas casi sin darme cuenta.

- Mirá la putita, parece que le gusta. Dijo Mabel - Bueno, ya está toda adentro, fue la única respuesta de Susana.

No lo podía creer, al igual que Susana me había tragado por completo semejante instrumento, y puedo garantizarte que estaba disfrutándolo mucho.

Susana entonces me tomó una de las piernas, indicándome que me acostara boca arriba, me di vuelta con cierta facilidad, al fin y al cabo con las dimensiones que tenía no era necesario cuidar para que no se saliera.

Una vez en esta posición, Mabel comenzó a moverse lentamente, retirándose un poco y luego volviendo a introducirse dentro mío. Sus movimientos eran cada vez mas amplios de forma que cada vez era mayor la extensión de su pene que introducía y retiraba. Luego de un rato ya estaba realizando todo el recorrido que su cuerpo le permitía y siempre moviéndose muy lentamente para evitar el lastimarme.

No puedo describirte las sensaciones que esto me producía eran totalmente nuevas y me sentía al borde del orgasmo.

- Parece que Anita está por acabar. Dijo Mabel No terminó de decirlo que un temblor recorrió todo mi cuerpo al tiempo que sentía como se mojaba mi entrepierna, fue espectacular, había acabado por la cola como toda una puta y aún continuaba excitadísima.

Cuando mi cuerpo terminó de sacudirse, Mabel me dice: - Vos sabés que además esta prótesis tiene eyaculador, así que ahora Susana y yo nos vamos a dar el gusto de darte toda nuestra leche como una putita que sos.

Que podía decir? - Si por favor, fue lo único que pude articular.

Susana se situó cerca de mi cabeza y mientras me invitaba a besar sus genitales me decía: - A ver la nena como toma su mamadera.

Comencé a besar su clítoris inflamado mientras Mabel, continuaba entre mis piernas y comenzaba a masturbar con ambas manos la gigantesca prótesis, con una de ellas la sostenía, mientras que con la otra masturbaba su extremo como si se tratase de un pene verdadero.

Mi excitación no había declinado todavía y continuaba totalmente enloquecida, hasta que finalmente, producto de mis atenciones, Susana alcanzó un orgasmo que vertió por completo en mi cara, mientras tanto, Mabel en el otro extremo, activó el dispositivo eyaculador y derramó sobre mi pecho todo su semen sintético.

Eso si, imagina que con el tamaño del artefacto era mucho el líquido que contenia, de forma que mi corset nuevo quedó completamente bañado en sus fluídos.

Después de esto nos recostamos las tres en el piso, la experiencia había sido verdaderamente sensacional, única, gloriosa. Jamás hubiera pensado que podría gozar tanto.

Entonces Mabel me dice: - Sabés que este Sábado tengo otra reunión con mis amigas en casa y estoy necesitando de una segunda mucama, pensaste en un empleo permanente? No pude imaginar lo que sería una reunión con diez o doce mujeres todas como Mabel, pero estaba totalmente dispuesta a averiguarlo.

Así, Susana es ahora el Ama de Llaves, yo como Sirvienta estoy bajo sus órdenes y si bien abusa de mi ocasionalmente, eso es algo que me encanta. Todos los sábados recibimos a las amigas de la Señora y las atendemos satisfaciendo todos sus caprichos, hasta ahora no hemos tenido ninguna queja sobre nuestro servicio."

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