FEMINIZADO POR MI NOVIA

enviado por LORENA

1)
Mi nombre es Gabriel pero me dicen Gabi.
Cuando tenía 17 años me puse de novio con una chica de catorce, llamada Silvina que era hermosísima.
Era rubia con el pelo largo enrulado, la piel ligeramente bronceada y una figura espléndida.
Si bien era muy desinhibida todavía era casi una nena y tenía un look un tanto naif, pero yo me aboqué a convertirla en una mujer muy provocativa.
Lo primero que hice fue repetirle hasta el cansancio que me excitaban mucho las chicas vestidas con minifalda, hasta que logré que un día viniera a buscarme con una pollerita de jean cortita que le calzaba perfecta, dejando a la luz sus morenas y bien torneadas piernas.
Había empezado mi obra, gocé mucho esa noche viendo como otros chicos se estimulaban mirándome acariciárselas.
La verdad es que mientras lo hacía, me gustaba imaginarme que las suyas, eran mis propias piernas.
De a poco le fui comprando ropa más y más provocativa, vestidos cada vez más cortos, blusas escotadas, le regalé sus primeros tacos altos, la incentivé para que usara maquillaje subido de tono y cada vez que le obsequiaba una prenda nueva, le decía que era como si me la estuviera regalando a mí mismo.
A decir verdad eso era algo cierto, porque me proyectaba en ella como si fuera yo mismo esa diosa que todos ansiaban desesperadamente poseer.
Cuando salíamos juntos a la calle, disfrutaba ver como los hombres se derretían de deseos ante su estilo tan provocativo y cuerpo espectacular.
Un día estábamos sentados en una fiesta, Silvina se encontraba cruzada deliberadamente de piernas para seducir con ellas a todos los varones que estaban ahí, vistiendo una minúscula pollerita blanca que yo le había regalado.
En eso se sentó al lado suyo su amigo Martín.
Nunca me voy a olvidar como me excité viéndole frotar su pierna contra la de ella y rozándosela “accidentalmente” con sus dedos por cualquier pretexto, provocándole un enorme placer que ella no lograba disimular.
Hasta en un momento y con el pretexto de mostrarle que estaba recién depilada, ella, que evidentemente estaba muy excitada, directamente le tomó la mano y le hizo acariciar su muslo con total desparpajo.
Durante mucho tiempo me masturbé recordando esa escena y supongo que ellos también.
Poco a poco Silvi nos fuimos dando cuenta de que algo extraño sucedía, yo había sustituido la penetración de mi polla por la de dedos y objetos que simulaban consoladores que era algo que ella también prefería y empecé a pedirle que se colocara sobre mí para frotar su vulva contra mi cola.
Mientras esto sucedía, le hacía succionar mis dedos y en esos momentos fantaseaba con que ella estaba felando a otro hombre.
Una tarde que llegué sorpresivamente a la pileta de nuestro club, encontré a Silvina, que llevaba puesto un diminuto bikini muy cavado, recostada en una lona, estaba siendo cortejada por un atractivo muchacho que se había acomodado demasiado cerca a su lado.
Ella no advirtió mi presencia y eso me permitió ver como participaba del juego de seducción, sonriéndole y arrimándose a él para que este se derritiera de deseos.
Era evidente que ella lo deseaba y ambos se pusieron lívidos cuando me acerqué a saludarlos como si nada sucediera.
Como a mí mismo me había estimulado esa situación, cuando fuimos a su casa, le vendé los ojos y la masturbé introduciéndole un dedo en la vulva, mientras le pedía que se imaginara que estaba follando pero no conmigo si no, con el muchacho de la pileta.
Ella se retorcía de placer, evidentemente gozaba mucho con esa fantasía y acabó gimiendo como nunca lo había hecho, en tanto yo disfrutaba la escena sin alcanzar a entender por qué algo tan perverso me excitaba de esa manera.
Una noche, ella, cada vez más desinhibida, me propuso un “juego transgresor”: yo debería vestirme con sus ropas para tener sexo como si fuéramos dos chicas.
La idea me pareció excitante y así, a medida que Silvina se iba desvistiendo, me pidió que me pusiera su panty, su sujetador, sus medias de nylon color piel, su muy cortita pollerita rosa, un sweater de lana blanco y sus zapatos de tacón haciendo juego.
Me maquilló con un rouge bien colorado, me delineó y pintó las pestañas y cuando consideró que estaba “lista”, me hizo sentar en una silla y comenzó a masturbarme así vestido, haciéndome sentir el placer de sus suaves ropas ciñéndome la polla.
Ser masturbado vistiendo una pollerita de mi novia, asumiendo el rol de mujer y viendo mis piernas como si estuvieran depiladas por estar enfundadas en sus medias de nylon, me provocó una incontrolable fogosidad.
Pronto me salí de mí mismo, estaba muy excitado y a merced de Silvina, fue entonces cuando ella sacó sorpresivamente de su cartera una revista de varones físico culturistas y la puso entre mis manos, amenazándome con que si no la hojeaba mientras ella me seguía masturbando, dejaría de hacerlo.
En el estado de éxtasis en que me encontraba, no pude negarme a su condicionamiento, así que comencé a mirar detenidamente las fotos de esos regios machos de cuerpos musculosos que suelen posar para tales publicaciones.
Y sucedió lo inesperado, masturbándome mientras veía esas imágenes, Silvina me hizo sentir el mayor placer de mi vida y mi erección se incrementó a tal nivel que hasta me provocaba un poco de dolor.
Silvina con sus habilidades consiguió que me excitara mirando fotos de hombres, mientras me decía que ella sabía que eso me gustaba mucho y me concientizaba de que yo en realidad hubiera querido ser una mujercita.
Después eligió para mí en la revista, la foto del hombre que a ella mas le gustaba, diciéndome que le encantaría que yo la viera acostarse con ese semental tan guapo y que seguramente eso también me gustaría a mí.
Imagínate –me decía- como me domina y mete ese enorme falo que se le marca en el slip, me hace gozar de solo pensarlo, qué hermoso.
Tanto fantaseó que en un momento comenzó a gemir de placer mientras me relataba su fantasía con ese hombre.
De pronto empezó a pedirme que me la imaginara penetrada no ya por el muchacho de la foto sino por su amigo Martín.
No puedo describir lo excitante que resultaba que mi novia me hubiera vestido con sus ropas y me hiciera gozar de la misma forma que lo hacía ella como mujer contándome esas historias.
Silvina me estaba dispensando idéntico trato al que yo le había brindado en mi rol de varón.
Después comenzó a cambiarme de a poco la historia diciéndome cosas como: ahora Martín también te va a penetra a vos como acaba de hacérmelo, ay como gozas muñequita, yo te voy a enseñar a follar como una señorita complaciente.
En esas circunstancias, acabé como nunca lo había lo hecho, manchándole las pantys y la pollerita.
Luego me hizo arrodillar frente a ella, colocó su dedo en mi boca y comenzó a introducirlo y sacarlo, como si se tratara de una polla que yo estaba felando.
Rápidamente entendí el juego, se lo succioné y lamí felinamente, mientras con mi mano me acariciaba los genitales.
A su vez, Silvina se masturbaba mientras me miraba gozando como señorita y así, llegamos al orgasmo juntos.
Ella entonces me besó en la frente y me dijo dijo: lo has hecho muy bien mi amor, estoy segura que podré cumplir tu sueño de convertirte en una auténtica chica.


2)
Tiempo después, un fin de semana los padres de Silvina, salieron de viaje para asistir a un casamiento.
Aprovechando esa circunstancia, me instalé en su casa.
Les cuento que después de esa primera maravillosa experiencia de haberme vestido con sus ropas, a sugerencia de Silvina y bajo el pretexto de que estaba de moda, me había dejado crecer el cabello por debajo de los hombros y me sometí a una dieta estricta, por la cual estaba muy esbelto.
Apenas llegué a su casa, ella me impuso que hasta que volvieran sus padres tendríamos que convivir como dos chicas tiempo completo, porque la excitaba mucho verme asumir un rol de mujer.
Me hizo desvestir y me embadurnó cada centímetro del cuerpo con crema depilatoria, mis piernas, mi cola, mi pecho, todo me quedó suavecito y sin el más mínimo rastro de vello.
Después me hizo probar ropa interior muy cavada y un baby doll de color blanco.
Yo no podía resistirme, porque estaba descubriendo que en realidad me gustaba mucho usar sus prendas tan sexis y femeninas.
Ella me exigió caminar en puntas de pie mientras estuviera en su casa para acostumbrarme a usar luego zapatos de tacón.
Me hizo desfilar delante de ella vestido de esa manera por el living de su casa mientras me hacía observaciones referentes a como debía contornear mis caderas y caminar como una chica, luego se me acercó, me cruzó los brazos en torno al cuello y me besó apasionadamente.
Recorrió con sus manos mi suave piel recién depilada, me aferró los glúteos y empezó a acariciármelos hasta llegar a mi ano. Al ver mi cara de excitación, me dijo: Ay Gabi, cómo te gusta ser una mujercita.
Me tomó de la mano y me llevó a la habitación de sus padres, donde nos enredamos en un desenfrenado juego sexual. Nos acariciábamos, le felé la vagina, pero cuando la quise penetrar, me dijo: No “Gabriela”, las chicas no tienen polla y por tanto tu tampoco, así que no podrás usar la tuya conmigo nunca mas, elegiste ser una señorita y por eso entre nosotras de aquí en más solo tendremos sexo como lesbianas.
Esa prohibición me excitó muchísimo, con ella Silvi me había anulado definitivamente como varón y situado en un rol de mujer. La besé apasionadamente y la masturbé con la mano mientras ella se perdía en un orgasmo.
A partir de allí jamás me permitió volver a penetrarla con mi falo, arguyendo que solo deseaba que eso se lo hiciera un hombre de verdad algo que muy pronto sucedería, comentario que me estimulaba hasta el éxtasis.
Nadie jamás me había hecho sentir como ella, estaba encantado con el trato que me estaba dispensando.
A continuación me hizo recostarme boca abajo en la cama y cerrar los ojos, entonces comenzó a contarme una historia en la cual, ambas éramos sometidas por un mismo hombre.
A medida que avanzaba en el relato, mi erección fue incrementándose a tal extremo que necesité comenzar a frotarme contra el colchón para calmar mi excitación.
En un momento abrí los ojos y me vi reflejado en un espejo situado al costado de la cama, comportándome como una mujercita vestida con ropa interior muy sexi y la escena me llenó de placer.
Ver como subían y bajaban mis glúteos enfundados en un baby doll, al mismo tiempo que Silvina me hacía imaginar que un hombre me estaba apoyando su polla, me hizo tener un poderoso orgasmo.
Mientras acababa, Silvina me acariciaba y besaba suavemente como si ella fuera un hombre tratando a una mujer a la que quiere seducir y eso fue realmente increíble.
Me hizo sentir realmente toda una hembra.


3)
Esa tarde Silvina la dedicó a revelarme algunos de sus secretitos de seducción.
Me enseñó a maquillarme, a rellenarme el busto para que pareciera muy turgente, a caminar sobre tacones elevando los glúteos y la verdad es que nos divertimos mucho más que como novios, como si fuéramos dos amigas adolescentes.
También me aplicó uñas postizas y las pintó de rojo intenso al igual que lo hizo con las de mis pies.
Luego del placer que había sentido actuando de mujer, estaba muy entusiasmado en parecerme a ella lo más posible.
Para la noche me dijo que me tenía preparada una sorpresa pero que para recibirla tendría que lucir espléndida.
Entonces me dijo, ahora cumplirás tu sueño mas prohibido, te vestirás con la ropita más provocativa que tengo y que sé que siempre deseaste usar.
Me dio entonces aquel conjuntito que yo mismo le había regalado para su cumpleaños, compuesto de una minifalda blanca muy cortita y súper ajustada con un tajo a cada lado y una blusa negra escotada, rematado con unas sandalias blancas de tacón.
Pensar las veces que me había imaginado siendo yo y no ella la vestida con ese conjuntito.
Ciertamente reconozco que en el fondo me moría de envidia cuando Silvi usaba esa ropa y evidentemente ella lo había notado.
Me untó las piernas con una crema suavizante y me hizo un peinado con el cabello recogido y algunas mechas sueltas.
Cuando finalmente me vi al espejo no lo podía creer, Silvina me había dejado preciosa, no había en mí un solo rastro de masculinidad.
En eso tocaron el timbre y me sobresalté. Ella me dijo: no te asustes es mi amigo Martín que nos viene a visitar.
Fue entonces que me percaté que ella también en el ínterin, se había vestido muy provocativa con un vestidito beige cortito y escotado.
Para mi sorpresa, Silvi besó apasionadamente en la boca a su “amigo” y lo abrazó, imagínense la escena: era mi chica besando a otro hombre frente a su novio transformando en señorita. La verdad es que eso, no solo no me puso celoso, sino que inclusive me provocó una erección que quedó contenida en mi muy ajustada bombachita.
Lo que me intrigaba era saber desde cuando ellos eran amantes, o más exactamente desde cuando yo era un humillado cornudo. Ella se sentó en su falda rodeándole el cuello con sus brazos sensualmente y le dijo: Bichito aunque no lo creas, esta linda jovencita que nos acompaña, es mi novio Gabi, que como podrás ver resultó ser toda una señorita.
Para disimular le dije que era mentira y que en realidad estábamos probando un disfraz para una fiesta, pero era obvio que él no me creyó y se había percatado de mi condición de afeminado.
Martín me miraba de arriba abajo, me devoraba con la vista las piernas mientras parecía desquitarse las ganas de acariciármelas haciéndoselo a mi novia.
En eso Silvina me dijo que tenía que animarme a salir de una buena vez a la calle así vestido, que fuera a comprar una gaseosa porque no tenía nada que ofrecerle a Martín.
Al principio me negué, ya bastante que me había expuesto ante su amigo vestido de chica, como para que todo el mundo me viera así.
Mas los dos me insistieron tanto en que nadie me reconocería, que estaba preciosa etc., mientras me empujaron hacia la calle, diciéndome por atrás de la puerta que si no volvía con una gaseosa no me permitirían volver a entrar a buscar mis ropas y tendría que volverme a mi casa así vestida.
Obligada por las circunstancias, salí por primera vez a la calle vistiendo las ropas de mi novia, la sensación de caminar sobre tacones y la caricia del viento entre mis piernas depiladas era muy estimulante.
Como estaba muy llamativa con esas prendas tan escuetas, los hombres se daban vuelta al verme pasar, hasta me piropearon, lo que me ruborizó y me hizo muy bien.
Me estaba transformando en un objeto de deseo para los varones, y la idea de pensar que alguno de ellos podía excitarse y hasta quien sabe masturbarse pensando en poseerme, me estimulaba muchísimo.
A cada paso que daba, intentaba feminizarme mas, bambolear mis caderas y desplazarme con esa sensual cadencia de las mujeres que Silvina me había estado enseñando.
Me sentí por un rato como debería hacerlo mi novia cuando salía vestida de come hombres con esas mismas ceñidas y minúsculas ropas que ahora compartía conmigo.
Cuando volví a la casa de Silvina, ya bien acostumbrado a mi ajustada minifalda, escuché sus gemidos de gozo viniendo desde la habitación de sus padres.
El cuadro que me esperaba allí me dejó perplejo: Martín estaba follando salvajemente a Silvina en la cama de sus padres y ella retozaba de placer sin preocuparle en lo más mínimo mi presencia.
Imaginen a mi novia penetrada por un amigo y su novio vestido de chica presenciando la escena. Mientras Martín, la bombeaba sin darle respiro me dijo: pasá Gabi, ayúdame a hacer gozar a tu novia que hace mucho que no tiene sexo con un hombre de verdad.
Medio schockeado, obedecí sumisamente y me senté en el borde de la cama, siguiendo las instrucciones de Martín.
Aferré fuertemente los brazos de Silvina llevándolos hacia atrás como él me lo ordenó, y besé a Silvi una y otra vez diciéndole cuanto la quería, mientras Martin no dejaba de introducirle su enorme y robusta polla.
El coito fue muy apasionado y rápido, ella evidentemente estaba muy necesitada de un hombre.
Martín eyaculó dentro de ella, inundándola con un espeso semen que la desbordó, mientras Silvi acababa gritando que por favor no dejara de penetrarla y le aferraba de la cintura con sus piernas.
Había podido observar por primera vez a mi novia penetrada por otro hombre y la verdad es que eso me provocó mucho placer.
Después Martín nos pidió que montáramos una escena lesbiana para él.
Silvina y yo nos empezamos a besar y a acariciar mientras Martín miraba fascinado.
Cuando estábamos en el cenit de la excitación, Martín se interpuso entre nosotras y me llevó la mano a su polla para que lo masturbara, eso fue hermoso.
Era mi primera vez con un hombre, nunca antes había deseado un pene, pero ahora moría por él.
Estaba descubriendo algo totalmente nuevo para mí, acariciar un falo, sentir su calor, su contextura, me provocaba un enorme deseo.
Nunca había tenido un pene entre mis manos y la sensación de masturbarlo llevándolo hacia a un orgasmo, me fascinaba.
No tuve ningún problema en canalizar la excitación que me provocaba acariciarme con una mujer como Silvina, en satisfacer a Martín.
No podía creer que un hombre se erectara conmigo, eso era algo muy halagador.
En ese momento pude imaginarme lo que debía gozar Silvina siendo penetrada por esa polla tan grande y dura.
La sensación de estar excitando al varón que se follaba a mi novia, tener entre mis manos su polla a mi merced hecha una piedra, era muy estimulante.
Mientras yo lo masturbaba, él le decía a Silvi que viera como me estaba transformando en una señorita sumisa.
Cuando los tres estábamos bien cachondos, Martín me dijo, ahora vas a sentir lo mismo que tu novia cuando la follo, me hizo colocar en cuatro patas como si fuera una gata, levantó mi pollerita, corrió mi ropa interior, me lubricó con saliva y empezó a penetrarme desvirgando mi ano. Hasta entonces nunca había tenido dentro de mi, mas que un dedo de Silvi, así que debo reconocer que al principio, sentí un dolor indescriptible, pero al rato, ese constante bombeo, esa dulce humillación de ser sometida por el mismo hombre que hacia instantes follaba a mi novia delante de mi, me volvió loco y comencé a gemir aflautando la voz, tal y como lo hacía Silvina, quien mientras nos veía, se acariciaba la vulva.
Martín al mismo tiempo nos decía: ahora yo soy el único macho acá y les prometo que las haré gozar tanto que se olvidarán de que alguna vez fueron novios.
Yo le pedía más y más, gemía, le rogaba que nunca sacara su miembro de mí, que me hiciera suya, que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de ser su mujercita obediente y compartir la cama con él y Silvina.
Sentía su pedazo de carne caliente y duro penetrándome una y otra vez, volviéndome mas mujer a cada arremetida, me encantaba haber pasado de tener que dirigir el acto sexual a ser la dirigida, la pasiva, la sumisa.
Así tuve mi primer orgasmo penetrada por un hombre y Silvi acabó viendo a su novio actuando de señorita para el mismo hombre que la hacia gozar a ella.


4)
La madre de mi novia Silvina era una mujer muy liberal, su marido se había vuelto impotente por una enfermedad y el deseo insatisfecho a lo largo de tantos años la convirtió en una tigresa devoradora de hombres.
A tal extremo, que más de una vez la habíamos pescado in fraganti, paseándose con algún amante por las calles y por guardar silencio sobre ello, nos habíamos vuelto un poco cómplices.
Silvina que también había demostrado ser muy desinhibida a pesar de su corta edad, se animó a contarle aquello de que me estaba transformando en una chica.
A su madre eso no solo no la perturbó en lo más mínimo, pues prefería que su hija noviara con Martín en lugar de hacerlo conmigo, sino que inclusive y para fomentar eso, se ofreció a ayudar en mi transformación.
Días después de que Silvina revelara nuestro secreto a su madre, esta me telefoneó y me pidió que fuera para su casa pues quería darme una sorpresa.
Cuando llegué, Raquel, era su nombre, me hizo pasar a su cuarto y me dijo que por una cuestión de imagen, precisaba una secretaría ejecutiva que la acompañara a una reunión de trabajo muy importante y Silvina estaba imposibilitada de hacerlo porque los clientes sabían que era su hija.
Entonces me dijo que ella haría que yo diera con el tipo de asistente que necesitaba.
Me pidió que me desnudara, me dio ropa interior que de tan ajustada me disimulaba perfectamente la polla y pantys de lycra negra.
Luego me hizo vestir un conjuntito de minifalda y chaleco negro muy ceñidos y una camisa blanca de Silvina, que eran justo de mi talle.
Me prestó unos tacones negros suyos tipo aguja, me maquilló, y me prendió aros, pulseras y anillos.
Finalmente peinó mi cabello que ya entonces tenía casi por la cintura, recogiéndole con una hebilla algunos mechones.
Al veme en el espejo, sonreí de felicidad.
Ella dijo al concluir su obra: miren en que hermosa nenita se convirtió el novio de mi hija.
Nunca pensé que algún día podría transformarme en una mujer tan atractiva y deseable como Silvina a tal punto de poder competir con ella en la conquista de hombres.
En la reunión de trabajo, nos esperaba un importante empresario de mediana edad con su joven hijo, que apenas me vio, quedó flechado.
Era un muchacho muy buen mozo, alto, trajeado y con un físico espectacular.
Raquel percibió que algo sucedía entre nosotros, y se apartó para conversar con el padre. Lionel, así se llamaba, trataba de seducirme con su radiante sonrisa y simpatía, yo me hacía un poco la interesante, pero al mismo tiempo apelaba a todas las armas de seducción femenina que Silvina y su madre me habían enseñado.
Me cruzaba de piernas haciendo que mi minifalda se me subiera y me cubriera lo menos posible, me recogía y soltaba el cabello y hasta ensayé el arma infalible de pintarme los labios frente a él.
Lionel no pudo más y me invitó a conocer su oficina y en cuanto ingresamos a esta, me tomó de la mano y me estampó sorpresivamente un beso en la boca.
Había conquistado al varón de mis sueños en pocos minutos, me sentí como nunca, desenvuelta, liberada, allí mismo me arrodillé frente a él, abrí su bragueta, le corrí el slip y comencé a mamarsela.
Rítmicamente su enorme aparato se erectó dentro de mi boca y yo se lo lamía, se lo besaba desesperadamente, me lo tragaba disfrutando cada centímetro de ese caliente falo, estaba en el éxtasis, él comenzó a aullar de placer y me llenó toda la boca con su leche, allí recordé lo que Silvina hacía conmigo y la imité, me tragué todo su semen hasta dejársela bien sequita.
En ese momento imaginé que Silvina hubiera gozado mucho contemplándome en ese rol de sumisión a un macho.
Creo que Lionel nunca se dio cuenta de que yo no era una chica ciento por ciento.
Cuando salimos de su oficina nos esperaban Raquel y el padre de Lionel. Raquel tenía el cabello un tanto despeinado y sus labios se habían despintado y el padre de Lionel...tenía marcas de rouge, lo que hacía evidente que ellos también habían aprovechado la reunión.
Raquel me felicitó, el negocio se había concretado exitosamente. Fuimos como madre e hija a festejar a una cafetería y Silvina se nos juntó allí.


5)
Era un tanto extraño estar sentado en una cafetería con mi novia y Raquel, cual si fuéramos sus dos hijas.
Raquel le contó a Silvina cuan exitosa fue la entrevista que habíamos mantenido hacía un rato y le dijo que yo había estado brillante en mi papel de secretaria ejecutiva.
Silvina me interrogó acerca de Lionel y cuando le conté lo que había sucedido en la intimidad, ella se puso muy celosa y me dijo que siempre había querido tirarse a ese tío pero este no le había dado ni la hora.
Entonces en un momento que su madre no nos escuchaba, le prometí que de alguna manera me las ingeniaría para que pudiera darse el gusto de ser follada por Lionel, a lo que Silvina me agradeció con un beso muy dulce en la mejilla.
Podrán imaginarse que no me resultaría muy fácil contarle a mi madre con quien aún vivía, acerca de mi cambio de hábitos.
Es que yo creía que a ninguna madre le fascinaría ver a su hijito varón, transformado en una muchachita.
Silvina se ofreció a ayudarme a amortiguar el shock.
Para eso me concientizó de que era necesario que mi madre me viera absolutamente radiante, para que quedara deslumbrada con mi cambio.
Raquel me dijo que deberíamos perfeccionar mi transformación hasta en los más mínimos detalles.
Entonces entre Silvina y su madre, se esmeraron en feminizarme mejor que nunca.
Primero Raquel me depiló cada centímetro del escaso vello que todavía me quedaba.
Después subimos a su terraza y las tres tomamos un largo baño de sol en bikini, hasta que mi piel quedó bronceada con las sexis marcas del minúsculo traje de baño que ellas me hicieron usar.
Cuando volvimos a su apartamento, entre ambas me limaron y pintaron las uñas de manos y pies con esmalte rojo.
Raquel me tiñó mi cabello del mismo tono rubio platinado que usaba Silvi, después con secador de cabello y cremas, me lo onduló dándole un estilo salvaje que me encantó.
Silvina por su parte, me prestó ropa interior blanca, rellenó mi busto y disimuló mi polla, también me prestó un vestidito suyo color rosa con flores blancas muy escotado y liviano que me dejaba la espalda y el inicio de los glúteos a la vista.
Como estaba bronceado no precisaría pantys ni más maquillaje que un brillo de labios y un delineado de ojos.
Para terminar Silvina me prestó unas sandalias blancas de tacón y alguna bijouterie.
Realmente había quedado una joven muy bonita, me miraba en el espejo, con ese sexi vestidito, contorneándome a cada paso gracias a esos tacones tan altos y no podía creerlo. Silvi, me palmeó la cola y me dijo; “hermanita” estas lista para la guerra, a lo que Raquel agregó: a partir de ahora serás para mí una hija mas.
Silvi me miraba fascinada y sin duda se había puesto cachonda con la situación.
En cuanto su madre salió a hacer una diligencia, Silvina se me arrimó y comenzó a acariciarme mi espalda, luego mi cola, para terminar deslizando sus manos por mis piernas.
Me decía que si bien gozaba mucho con Martín y otros muchachos, yo era su “novia ideal” y por eso quería irse a vivir conmigo, me besaba y abrazaba y así terminamos revolcándonos como dos gatas en celo.
Luego ella me puso de cara contra una pared, se arrodilló detrás de mi, me levantó el vestido, corrió el hilo dental de mi calzoncito e introdujo su lengua hasta el fondo de mi ano dilatándolo como nunca, pero en ese momento yo no pensaba que en ella sino que me imaginaba que era Lionel el que me estaba haciendo suya.
El aire se enardeció, Silvi me hizo girar y comenzó a succionarme la polla, mientras me penetraba con un dedo, de esa manera yo era estimulada por delante y por detrás.
Después nos recostamos en el suelo y mientras ella me felaba yo le lamía su vulva, en un “sesenta y nueve”, que nos hizo alcanzar un potente orgasmo.
Para ese entonces hacia ya largo tiempo que yo no deseaba penetrarla sino que ella me lo hiciera a mí.
Luego nos vestimos y fuimos a ver a mi madre para revelarle mi decisión irreversible de dejar de ser Gabriel, para convertirme en Gabriela.


6)
La decisión de contarle a mi madre, que estaba transformándome en mujer, me había llevado a pedirle a mi novia Silvina que me ayudara en esa difícil tarea.
Como ya lo narré, Silvina y su madre me prepararon para ello con mucho cariño y esmero, dejándome hecha una princesa.
Ya me había acostumbrado a usar ropas de chica, lo que aparenta ser fácil y sin embargo no lo es.
Mas de uno cree que todo se limita a vestir faldas cortas, pero hay mucho mas.
Hay que saber mostrar las piernas, caminar evitando que la minifalda se suba mas allá de los glúteos, no tropezarse con los tacones, contornearse femeninamente, avanzar como una felina, no mirar a los hombres directamente a los ojos, balancear los brazos con estilo y tantas otras cosas que mi noviecita y su madre me fueron enseñando hasta que me mimeticé con ellas.
Pero lo más importante es aprender a sentirse y pensar como mujer, sin eso, no hay minifalda que alcance.
La mayoría de los travestis, habían tenido que aprender a serlo por sí mismos o ayudados por otros colegas, yo en cambio estaba siendo adoctrinado por dos mujeres espectaculares, como lo son mi novia y su madre.
Mi novia había ido sacando a la luz mi reprimida faceta mujeril, hasta transformarme en una par suya.
A su vez, su madre había colaborado con la experiencia de una bellísima mujer madura muy entrenada en las lides de la seducción femenina.
Nos encontrábamos Silvina y yo muy bien vestidas para ir a visitar a mi propia madre y contarle todo.
Se habrán dado cuenta a medida que avanza mi relato me resulta más difícil referirme a mí en masculino y eso también ha sido producto de mi proceso de feminización.
Realmente me costó reunir el coraje para presentarme ante mi madre como mujer.
Como era de esperar ella solo reconoció a Silvina, pensando que esta la visitaba por cortesía acompañada de una amiga.
Cuando le dije entre nervios y tartamudeos que no era una amiga de Silvina, sino su propio hijo Gabi, ella se quedó petrificada, pareció que iba a reaccionar muy duramente, pero luego de guardar un profundo silencio me dijo:
Tengo que decirte una cosa, yo deseaba profundamente tener una niñita y cuando naciste y te vi con tu tímida pollita, me puse muy triste.
Hijo, cuando eras una criatura debo confesarte alguna vez te vestí con las ropas de tu prima, y te llevé así de paseo como si fueras mi bebita, hasta que un día tu padre se enfureció y destrozó el vestido que llevabas puesto.
Pero guardé todos estos años una foto tuya vestidito de nena que nunca te mostré.
Obviamente pedí verla y me encontré con una dulce sorpresa: Era una foto en una plaza de cuando yo tendría a los sumo dos años, tenía un vestidito blanco y rosa con muchos voladitos, guillerminas blancas con zoquetes haciendo juego, llevaba una muñeca en la mano que debía ser de mi prima y un peinadito de bucles que seguramente me habrán hecho con ruleros.
Esa imagen me descolocó, me dí cuenta que había sido mi mamá quien me había despertado el deseo de ser mujer, transformándome en nenita a espaldas de papá.
Mamá agregó; desde aquel entonces nunca más lo hice, pero que ahora me digas que quieres ser mujer me hace muy feliz, por fin tendré la hija que siempre soñé, yo te apoyaré en tu transformación, cuenta conmigo y Silvina gracias por ayudarlo o mejor dicho ayudarla, por lo que veo has hecho un gran trabajo con él, si ni siquiera su madre ha podido reconocerlo, le has neutralizado todo viso de masculinidad.
Ahí nomás mi madre se desprendió un collar de oro con un corazón que pendía de su cuello y lo colgó del mío diciéndome que era una joya que había pasado de mujer a mujer en mi familia desde hacía varias generaciones y que ahora si estaba lista para lucirlo.
Salí de la casa de mi madre muy emocionada y relajada, había dejado la clandestinidad, mi familia ya sabía que ahora era “Gabriela”.

7)
Ese mismo día Silvina me propuso que nos fuéramos a vivir juntas.
Ella me aseguró que conviviendo con una mujer tiempo completo perfeccionaría mi transformación, porque tendría un referente full time para imitar.
La verdad es que yo tenía un poco de temor, porque me había quedado prendada de su amigo Martín que a ella indudablemente no le resultaba nada indiferente.
Silvina me había confesado inclusive que había sido él y no yo como me lo había hecho creer en su momento, quien la había desvirgado, y que desde entonces, periódicamente habían hecho el amor, inclusive cuando nosotros éramos novios a la usanza tradicional, esto es como un hombre y una mujer, lo cual a esta altura se imaginarán que ya no me causaba celos de ninguna manera y hasta inclusive me provocaba satisfacción.
O mejor dicho, los únicos celos que me ocasión naba eran los de no haber sido yo la chica que se acostaba furtivamente con Martín.
Es mas, en definitiva él también me había desvirgado a mí o sea que las dos estábamos en igualdad de condiciones, pues habíamos sido iniciadas por el mismo varón.
Ante la insistencia de Silvina en que alquiláramos un apartamento juntas, le confesé mi miedo, y me dijo que Martín había disfrutado mucho con ambas, según él mismo se lo había reconocido, por lo que ella no tenía objeción en que compartiéramos un trío.
Como no tenía trabajo para solventar un arriendo, la madre de Silvina me contrató como su secretaria ejecutiva, haciéndome jurar que siempre asistiría a su oficina en rol de mujer, cosa que obviamente yo deseaba con toda mi alma.
Gracias a eso Silvina y yo pudimos mudarnos a vivir juntas, y la experiencia fue fabulosa.
En nuestra casa, Silvina me enseñó a satisfacer a los hombres, demostrándome ella misma como debía hacerlo.
Invitaba compañeros de estudio o de su trabajo a quienes me presentaba pese a mi imagen femenina, como su novio, humillándome así ante todos.
Luego, cuando ya los había calentado, les decía que yo además de marica era voyeurista, pidiéndoles autorización para que me permitieran verla entregarse con el semental de turno al frenesí sexual.
En los casos en los que el varón o Silvi no me permitían presenciar el coito porque deseaban gozar a solas, debía contentarme con escuchar desde otro cuarto los deliciosos gemidos que ella emitía mientras era follada.
La verdad es que a veces escuchar el golpeteo de los cuerpos al ritmo de la penetración y a la mujer disfrutando con ello, es mucho más estimulante que presenciar el acto sexual propiamente dicho.
Silvina era una joven muy ardorosa y no tenía ningún tipo de represión, se dejaba penetrar por delante, por detrás y por la boca con total naturalidad y pasión.
Como ella era muy hermosa, no le costaba nada conquistar al semental que se le antojaba.
Imagínense un poco la escena, yo me sentaba como si fuera una chica perversa a mirar a mi novia gozando y gimiendo entregada a un macho que la cogía con todas sus fuerzas. Ver a Silvina siendo poseída por otros hombres, me fue permitiendo despojarme cada vez mas de los celos de un hombre a quien le follan a su hembra y eso a su vez, me reafirmó como mujer.
Una vez mientras se hacia follar, me pidió que me acercara para ver la copula con todo detalle y cuando su macho estaba por acabar, ella me aferró de los cabellos y me hizo recibir su leche en la cara.
La dulcemente humillante situación de recibir en mi cara el semen que eyaculó un hombre por haber follado a Silvi, terminó de aniquilar en mi todo resabio varonil, ahora era una niñita sumisa y obediente.
Con el tiempo empecé a sentir envidia, pero no del hombre que atendía a Silvina, sino de ella, de que ella y no yo estuviera siendo penetrada.
Yo veía esas enormes y duras pollas ensartándola y me entraba una ansiedad incontenible.
Quería poder tenerlas a todas entre mis manos, masturbarlas, succionarlas y de alguna manera sentir el mismo placer que Silvi.
Más de una vez acabé acariciándome yo solita, al mismo tiempo que ella llegaba al orgasmo o era salpicada de semen por el partenaire que la estaba sirviendo en esa ocasión.
Inclusive alguno de esos hombres me invitó a participar del encuentro, pero Silvina me lo prohibía aduciendo que yo debía limitarme a gozar pasivamente mirando como ella era follada.
Por otro lado, los hombres que la penetraban en mi presencia, lo hacían con el estimulo adicional de cumplir la fantasía de ponerle los cuernos a otro hombre.
Cuantos hombres han soñado follarse a la hembra de otro varón, todos, pero los que atendían a Silvi, cumplían su sueño en presencia y con la anuencia de su propio novio.
Mientras la bombeaban, ellos me decían, goza mariquita, disfruta viendo como satisfago a tu pobre noviecita que se tiene que hacer follar por otro hombre porque su novio se hizo mujercita.
Ella misma se esmeraba en demostrarme cuanto gozaba con sus amantes, gimiendo y retozando como si fuera una estrella de cine porno.
Recuerdo que en una oportunidad me obligó a usar un uniforme de empleada doméstica durante una semana, sometida a las órdenes de ella y un hermoso joven que se instaló en nuestra casa.
So pretexto de que eso me reforzaría como mujer, me hacía limpiar la casa, prepararles la comida, tenderles la cama y hasta lavar y planchar sus ropas íntimas.
La verdad es que trabajar de día como la secretaria ejecutiva de su mamá y de noche como su mucama no me resultó desagradable y por el contrario hasta me excitaba.
Desempeñar dos empleos como mujer me obligaba a dar por sentada y asumir mas aún esa condición, dirigiendo mi atención a ser una empleada eficaz.
Hacer sentir cómodo al amiguito de Silvi, para que estuviera a gusto y la follara mejor todavía, me encantaba.
Una noche me hizo prepararles una cena romántica a la luz de las velas, Silvi se había enfundado en un ajustadísimo mini vestido de lycra negro, con medias a tono y altísimos tacos aguja.
Se sentó cruzándose de piernas de manera tal que la minifalda se le subió hasta muy arriba captando toda la atención de su acompañante.
Al verla así el jovencito se sentó rápidamente a su lado y comenzó a acariciarle los muslos y pantorrillas de un modo muy sensual.
Pude deleitarme con esa escena justo cuando me acercaba a la mesa con la bandeja para servirles la comida.
Eso me significó una dulce humillación.
Imagínenme asumido en el rol de mucama, con mi rígido delantal rosa de servidumbre, zapatillas blancas y el cabello recogido, sirviéndole la cena a mi novia y al hombre por el cual se dejaba manosear descaradamente y mas tarde la follaría hasta el cansancio.
Luego, me llamaron para retirar los trastos y mientras ella se sentó en su falda para besarlo de manera muy apasionada como si yo no estuviera.
Eso sí, para estimular mi imaginación no me dejaron verlos follar, sino tan solo escuchar sus gemidos mientras lavaba la vajilla.
Obviamente esto despertaba mis deseos más mórbidos y luego me pasé horas masturbándome mientras fantaseaba con lo que ellos debían estar haciendo.
Una tarde que Silvi no estaba, el muchacho se me acercó sigilosamente mientras yo lavaba los trastos, se apoyó detrás de mí y comenzó a frotarse.
Luego me levantó la falda del delantal, me bajó la bombacha y me penetró haciéndome recostar el torso sobre la mesada.
Era una máquina, me bombeaba con un ímpetu increíble aferrándome de los glúteos.
Esto me permitió saber cuanto había estado gozando Silvi con este semental.
Acabó dentro de mí dejándome una hermosa y cálida sensación.
Todo esto me enriqueció mucho como mujer y debo agradecérselo infinitamente.


8) Un sábado a la noche Silvina propuso que fuéramos a ver un espectáculo de streepers masculinos.
Ella sostenía que excitarnos juntas viendo al mismo hombre, nos ayudaría a asumirnos aún mas en el rol de amigas, desprendiéndonos totalmente de los prejuicios y celos de la pareja que habíamos sido.
Es que sin duda iba a ser muy estimulante para ambas ser calentadas por el mismo macho.
Inclusive ello nos podría llevar a competir entre nosotras adoptando una clásica actitud mujeril, derribando así cualquier vestigio que pudiera haber quedado de sentir celos frente a la situación de ver una a la otra teniendo sexo con un hombre.
Para esa salida nos vestimos sumamente sexis.
A sugerencia de Silvi, me puse un catsuit negro con medias de nylon y tacos aguja haciendo juego.
Esa ceñida ropa oscura perfilaba mi silueta de tal manera que semejaba a la de una diva y contrastaba con mis labios que ella misma me pintó de un rojo sangre intenso.
Silvi se vistió con un mini short de jean que le dejaba a la vista la mayor parte de su cola, el cual combinó con un body celeste con un cierre en su escote abierto hasta el límite de lo prohibido.
Para bajar un poco los decibeles de su procaz vestimenta, la combinó con unas ojotas blancas, porque decía que si encima se ponía tacos la tomarían por una prostituta.
Llegamos al show en un taxi cuyo chofer no dejaba de mirarnos las piernas desesperado a través del espejo retrovisor, nos sentamos en una mesa muy cercana al escenario, rodeadas de otras mujeres que por sus vestimentas era evidente que estaban tan desesperadas por un hombre como nosotras.
Empezó el espectáculo con unos fisiculturistas bailando solo tapados por unos diminutos slips.
Esos cuerpos perfectos embadurnados en aceites perfumados contorneándose al ritmo de la música inmediatamente empezaron a ponernos cachondas.
Silvi me dijo al oído: esto me recuerda la primera vez que te vestí de mujer, mira a lo que llegamos, terminaste convertida en una chica como cualquiera de las otras que están acá.
Mientras me decía esto, llevó su mano a mi entrepierna y me acarició por debajo de la mesa para evocarme aquella primera vez en la que me hizo usar sus ropas y que desencadenó en todo esto.
Esa situación me había llevado al límite, debí controlarme para no correrme y ensuciar la ropa que llevaba puesta.
En un momento se acercaron dos streepers a nosotras y comenzaron a bailar casi rozando sus bultos contra nuestros labios.
Silvi no pudo contenerse y comenzó a besárselo al de quien se contorneaba delante suyo mientras su slip le iba quedando cada vez mas chico a medida que iba perfilando una erección.
Los dos streepers viendo lo ardiente que era mi chica, la llevaron al centro del escenario y la hicieron participar de una seguidilla de poses eróticas en una suerte de trío imaginario.
Pude ver a más de una de las mujeres que presenciaban el espectáculo, deslizar su mano por debajo de la mesa para tocarse.
Yo misma debí hacerlo en el momento en que en una especie de sandwich Silvi era manoseada por delante, al mismo tiempo que la apoyaban por detrás.
Verla así de excitada, disfrutando de esos auténticos machos me hacía sentirme feliz y muy mujer.
Porque era hermoso poder desprenderme de todo prejuicio disfrutando verla gozar con los mismos hombres que yo misma estaba deseando que me poseyeran.
Al terminar el espectáculo Silvi se fue detrás de esos muchachos, lo cual me hizo presumir que trataría de acostarse con ellos.
Por eso, me puse a pensar la forma en que yo bajaría mi propia excitación.
Sin embargo ella volvió rápidamente con la solución de mi problema, pero eso yo recién lo sabría mas tarde.
Me dijo que tenía una sorpresita para mi y que debíamos volver de inmediato a nuestra casa para que pudiera recibirla.
Cuando llegamos y entramos no advertí nada fuera de lo común, pero inmediatamente tocaron al portero eléctrico.
En eso Silvi me dijo: llegó el momento de que demuestres que fuiste una buena alumna y aprendiste todo lo que te enseñé.
Obviamente eran los dos streepers, Silvina los había contratado pero no para que la sirvieran a ella, sino a mí.
Entraron en casa los dos muchachos, uno más guapo que el otro, me tomaron de las manos y sin decir palabra me llevaron directamente a la habitación.
Allí como si yo fuera una muñeca, comenzaron a manipularme primero haciéndome arrodillar delante de los dos, poniendo sus pollas alternadamente en mi boca para que se las succionara para mi gozo y el de Silvi que nos contemplaba muy satisfecha.
Por momentos tenía las cabezas de sus pollas al mismo tiempo en mi boca y eso era alucinante.
Uno me sostenía fuertemente todo el cabello en su mano para hacerme sentir sometida a sus designios y me presionaba para que me tragara profundamente su pene a lo cual yo accedía pasiva y sumisamente.
Silvi mientras tanto, se había sentado al costado de la cama y desde allí me impartía instrucciones, como por ejemplo: gemí con la voz un poquito más suave, a ver como levantas más la colita, trágatela hasta el fondo, ahora acariciale el pecho, etc.
Luego me desvistieron poniéndome en cuatro patas, uno de ellos se lubricó un dedo con saliva y comenzó a introducírmelo para dilatarme.
En eso Silvi me alcanzó dos condones, reservé uno y abrí el envoltorio de otro para colocárselo al que me iba a penetrar.
La tenía tan grande y dura que el preservativo solo le cubría el tronco hasta la mitad.
Me provocaba un poco de temor pensar que me introducirían semejante aparato, pero tomé coraje, separé los cachetes de mi cola como me indicó Silvi, para que el fisiculturista me penetrara lo mas profundamente posible.
Mientras éste me la introducía hasta el fondo en toda su dimensión, haciéndome sentir que mi ano lograba una apertura impensada, su compañero situado delante de mi, me la metía en la boca obligándome a que se la succione ahogando de esa forma mis gemidos.
Yo iba comportándome un poco como lo había aprendido de Silvi y otro poco como ella me lo indicaba en ese momento: me corría el pelo de la cara para que ellos pudieran ver como hacia la fellatio, me agachaba levantando la cola, me esforzaba por recibir la penetración lo más adentro posible.
Mi felado me pidió que le pusiera el otro condón que yo había reservado y supuse que era para sustituir al que me estaba penetrando.
Sin embargo cuando terminé de colocárselo muy ansiosa porque fuera ahora él quien me lo enterrara, se acercó a Silvi que se acariciaba mirándonos sentada desde el sillón.
Le arrancó virtualmente su diminuto short y la penetró brutalmente allí mismo, sin ningún miramiento ni lubricación.
Mientras mi macho aceleraba su penetración, tenía justo delante de mí la imagen de Silvi siendo follada por el otro streper a quien le apoyaba las pantorrillas sobre sus hombros, seguramente para sentirla mas adentro.
Ella me decía, mirame mi amor lo logramos, me están cogiendo igual que a vos, es hermoso compartir este momento, ahora si que somos dos íntimas amigas.
Ella gemía y retozaba llevándose un dedo a la boca para tratar de calmar un poco semejante excitación.
Por su parte quien me cabalgaba, jalaba mi cabello como si se tratara de una rienda que tenía tirante, para obligarme a mantener la cabeza erguida y no perderme ni un detalle de la follada de Silvi.
En un momento ella comenzó a gritar: me vengo, me vengo y esa fue la clave para que yo también acabara, obviamente escondiendo la polla dentro de mi mano, porque no quedaba bien que una señorita manchara todo como lo hacen los hombres.
Nos follaron tanto esa noche que al otro día ninguna de las dos podía bajarse de la cama.


9) Días después ya repuestas de aquella noche de lujuria, Silvina me dijo que había decidido festejarle el cumpleaños a Martín en nuestro apartamento.
Como obsequio, ella sugirió que le ofreciéramos una noche de sexo desenfrenado.
Él le había confesado que tenía la fantasía de hacer el amor con dos hermanas gemelas y como ella y yo cada día nos estábamos pareciendo mas, tan solo con unos pequeños retoques quedaríamos idénticas.
Para ese entonces yo tenía 18 años y había empezado a hormonizarme con la ayuda de uno de los tantos amantes de Raquel que era médico. Mi piel se había suavizado, mi voz aflautado y mi cuerpo curvilineado. Un tímido busto había comenzado a asomarme naturalmente y ya casi me resultaba innecesario recurrir a rellenos para formar mi figura.
Mi deseo era ser idéntica a Silvina, estaba obsesionado con ella, tal vez porque era un auténtico símbolo sexual que tenía la magia de excitar a un hombre con solo pasar a su lado.
Para esa noche decidimos vestirnos iguales, con unos conjuntitos de ropa interior blanca, portaligas y corsé bien provocativos.
Con las orejitas y los rabitos blancos tipo conejita de Play Boy quedamos simpatiquísimas.
La idea era pasar por dos rameras que dejaríamos exhausto a nuestro cliente.
Nos hicimos el mismo peinado, con los cabellos rubios revueltos como si recién acabáramos de tener sexo, los labios muy rojos, recargado maquillaje, mucha bijouterie y tacones aguja.
Guardaríamos el secreto de quien era Gabi y quien Silvina hasta último momento.
Martín se quedó desconcertado inclusive me confundió con Silvi y yo le seguí el juego.
Nos sentamos los tres a la mesa a cenar y cuando Silvi dio la orden, ambas nos arrodillamos ante Martín como si fuéramos sus esclavas, le desabrochamos la bragueta y le comenzamos a mamar la polla alternadamente, mientras él seguía comiendo.
Silvi se la masajeaba mientas yo sumisamente se la succionaba y luego cambiábamos y era ella quien la felaba y yo quien se la acariciaba.
Por momentos las dos se lo lamíamos al mismo tiempo y nuestras lenguas se encontraban sobre su poderoso aparato que estaba duro como una piedra.
No se imaginan lo estimulante que era estar arrodillada recorriendo con la lengua el tallo del mismo falo que mi novia succionaba.
Inclusive por momentos Silvi me daba ordenes de cómo debía felarlo para excitarlo aún mas.
Solo separaban mis labios de los de Silvi, el estimulado y erecto pene de Martín que habíamos lubricado muy bien con nuestra saliva.
Allí estábamos, vaya parejita, los dos novios satisfaciendo como damitas obedientes a nuestro amo.
Eramos dos mujeres derretidas de placer por un semental como pocos que colmaba todos nuestros deseos y fantasías.
Martín se corrió en la boca de Silvi y ella inmediatamente me besó compartiéndome el semen que había recibido, lo cual fue muy dulce de su parte.
Luego le acomodamos el pantalón a Martín y seguimos cenando como si nada hubiera sucedido.
Mas tarde fuimos los tres juntos a la cama y nos enredamos en un festejo único.
Tal como le gustaba a Martín, empezamos con un show lésbico, Silvina me hizo poner en cuatro patas y comenzó a dilatarme el ano, primero con su lengüita que hacia entrar y salir con tanta calidad, que me derretía de placer.
A continuación se lubricó un dedo con saliva y comenzó a penetrarme con él, lo que a esta altura ya no le resultaba difícil porque mi ano se había dilatado por el uso cual si fuera una vagina.
En realidad ese orificio era ya mi vagina, pues me permitía entregarme a los hombres asumiendo el rol de mujer.
Cuando yo estaba bien excitada, hizo colocar a Martín detrás de mí y le fue dirigiendo la polla hasta que sentí que comenzaba a penetrarme.
Silvi hacía que la cabecita de la polla de Martín apenas me entrara y saliera, excitándome tanto que le rogaba que por favor dejara que me penetrara de una vez profundamente.
Yo me echaba para atrás, intentando que la polla de Martín me clavara hasta el final, mas Silvi para volverme más loca y sumisa aún, me retenía, impidiendo que se consumara la penetración total.
Estaba absolutamente fuera de mí, aullando como una perra en celo, entonces Martín me aferró con fuerza de la cintura y me ensartó profundamente, haciéndomela sentir en toda su dimensión mientras le juraba mi sometimiento eterno.
Vaya dúo, Silvi y su amigo habían conseguido convertirme del varón que fui, en una pasiva dama complaciente.
Martín me dominaba, me tenía en cuatro patas como si yo fuera una perrita en celo y me bombeaba enérgicamente.
Silvi mientras tanto tomó mi pene y me lo masajeó hasta que eyaculé al mismo tiempo que Martincito tenía su orgasmo llenándome el ano con su leche.
Luego nos ocupamos de satisfacer a Silvina, fue mi turno de hacerle entrar el pene de Martín en su vulva.
Para que no me pusiera celosa, Martín la hizo poner en la misma posición en que antes me folló a mi, o sea en cuatro patas, para que yo pudiera imaginar bien lo que ella iba a gozar.
Con mi mano aferré la polla de su amigo y la fui haciendo entrar lentamente en su muy jugosa vulva, eso era el cenit, no solo estaba mirando a mi novia servida por otro, sino que estaba colaborando con ello.
Participé estimulando a los dos, le lamía la parte de la lubricada polla de Martín que salía de la vulva de Silvi, la besaba a ella, los abrazaba y les decía cuanto los quería.
Finalmente me bebí todo el semen que desbordó de la vulva de Silvi hasta dejarla bien sequita, eso fue realmente maravilloso.
Pero la verdad es que allí me di cuenta de que yo me estaba enamorando de Martín y me empezaba a molestar tenerlo que compartir con Silvi.


10)
Con el tiempo mi relación con Martín se fue profundizando, venía a visitarme cuando Silvi estaba ausente, me traía flores, salíamos a pasear tomados de la mano, nos gustábamos y queríamos mucho.
Hacíamos el amor cada vez con mas frecuencia y yo siempre lo satisfacía como mi novia me había enseñado y aún mas, porque para hacer que un hombre elija estar con un travesti hay que esmerarse en forma.
Finalmente decidimos contarle a Silvi la verdad y ella se puso muy mal, discutimos y tuve que hacer mis maletas para irme a vivir con mi quien ahora era mi “novio”.
Han pasado varios años desde entonces, ahora vivimos juntos en un apartamento que él arrendó y yo tengo el privilegio de ser su única mujer.
En el fondo sé que cumplí la fantasía mas prohibida de toda hembra, la de arrebatarle el novio a su mejor amiga.
Para poder satisfacerlo mejor, pronto me cambiaré el sexo y así seré una mujer íntegra a quien él y por ahora solo él, podrá follar también por delante.
Recibimos hace pocos días una invitación al casamiento de Silvina, quien seguramente por el desengaño amoroso que sufrió, ha decidido sentar cabeza muy jovencita.
La modista me está confeccionando un vestido rojo de femme fatale para esa ocasión, que dejará a todos boquiabiertos.
Quien sabe, tal vez Silvi me invite a participar de la noche de bodas con su marido quien según me han comentado es un bombón.
Con mucho gusto volvería a participar en una cama redonda con ella, ardo de deseos de ver como la sirve su futuro marido y al mismo tiempo fantaseo con ser atendida por él.
Vivo como mujer, siento como mujer, amo como mujer, soy una mujer y todo gracias a esa picara noviecita de mi adolescencia que me feminizó.


11) Mi vestido para el casamiento de Silvina, era realmente espléndido.
De color rojo intenso y muy ajustado, largo con un profundo tajo que me dejaba a la vista una pierna entera.
En la parte superior poseía un corsé con botones en la espalda, que Martín me abrochó mientras besaba mis hombros descubiertos.
Enfundada en ese vestido, calzada con tacones altos plateados y el cabello color rojo caoba ondulado por la cintura, parecía una de esas divas de Hollywood.
Martín, quedó fascinado y no perdía oportunidad de acariciarme la pierna que el vestido me dejaba descubierta, o aferrarme de los glúteos que con esa ropa y gracias a mis tratamientos de belleza, se veían tan bien formados.
Yo lo esquivaba porque tenia miedo que me corriera algún punto de las medías de lycra color piel que llevaba puestas.
Me puse los grandes aros plateados que él me había regalado para el día de los enamorados y realmente lucía impactante.
Resultaba increíble pensar que detrás de esa pulposa figura que me devolvía el espejo, hubo alguna vez un varón que hasta tuvo una novia tan hermosa como Silvina.
Mientras me maquillaba parada frente al espejo, Martín que ya ardía de deseos me apoyaba su bulto en la cola y me pedía que le bajara su temperatura.
Llevé mi mano a su sexo, y se lo acaricié suavemente para ponerlo más cachondo aún, mientras le decía que no quería desalinearme y que cuando volviéramos de la fiesta me podría hacer lo que quisiera.
Le estaba haciendo el típico juego histérico de las mujeres, de calentarlo hasta dejarlo hirviendo para que cuando me tuviera, me atendiera en forma.
Cuando llegamos a la fiesta los hombres se daban vuelta a mi paso y no me sacaban los ojos de encima.
La situación me ruborizó, pero, no puedo negarles que me había propuesto seducir esta noche a cuanto hombre se cruzara en mi camino, ansiaba ser una femme fatale.
Quería demostrarme a mi misma, que a pesar de haber sido alguna vez hombre, ahora era tan mujer como mi ex novia y podía competir con ella en la conquista de los más atractivos sementales.
Grande fue mi sorpresa cuando “conocí” al marido de Silvina, no era otro que Lionel, el hijo del empresario a quien yo se la había mamado cuando oficié de secretaria para Raquel.
Evidentemente Silvina decidió conquistarlo porque le había quedado entre ceja y ceja el que a ella no le hubiera prestado atención y en cambio yo lo había seducido fácilmente aquella vez que acompañe a su madre a cerrar un negocio.
Cuando saludé a Lionel, este igual que cuando nos conocimos, me miró de arriba abajo haciéndome sentir su flechazo.
Me tomó de la mano y me dijo que estaba preciosa, que hacia tiempo que le preguntaba a la madre de Silvina por mi paradero y que me echaba de menos.
Noté que Martín se empezaba a sentir molesto ante ese cortejo, entonces me aparté de Lionel dejándolo como un perrito en celo.
Silvina me saludó afectuosamente, estaba muy contenta de vernos, me dijo que yo era la más linda de la fiesta y que me había extrañado mucho.
Raquel la madre de Silvina, me abrazó y me dijo que yo ya era para ella una hija más.
Estaba muy emocionada de asistir como mujer al casamiento de mi ex novia.
Y más impresionada aún de ver como su marido no me sacaba los ojos de encima.
Lionel trató de estar cerca de mi todo lo que pudo, hasta me sacó a bailar el vals de los novios, sin perder la oportunidad de seducirme tomándome de la mano y rozándome la cintura con sus dedos.
Martín por otro lado estaba muy inquieto, era evidente que se moría por follarme ahí mismo y se veía que verme bailando con otro hombre lo excitaba aún más.
No dejé oportunidad de lucir mi cuerpo enfundado en ese hermoso vestido, con el cual me sentía una princesa.
En un momento en que fui a maquillarme al sanitario, Lionel, vino tras de mi, y sin dejarme ni titubear me hizo entrar en un cuarto que decía “privado”, situado en el salón.
Allí, me pidió que por favor cumpliera su sueño de felarlo, porque no daba mas, había pasado muchas noches de insomnio pensando en tener sexo conmigo.
Yo no podía negarme a satisfacer a ese hermoso hombre.
Se sentó entonces sobre un escritorio, yo me arrodillé delante de él, y comencé a acariciarlo alrededor de sus genitales sin tocárselos.
Era un placer ir viendo como se le ceñía el pantalón en la zona de la bragueta a medida que se le hacía mas fuerte la erección.
Luego le bajé el cierre, le corrí el slip y dejé su enorme polla al aire.
El intentaba aferrar mi cabeza y meter su sexo en mi boca, pero yo se lo impedía para hacerlo desearme aún mas como me había enseñado que había que hacerlo Silvina.
Después le tomé su duro pene con la mano y empecé a masturbarlo lentamente para evitar que acabara.
Le dije que se la mamaria con la condición de que me avisara justo antes de acabar porque le tenía una sorpresa.
Entonces me introduje todo su aparato en la boca y empecé a succionarlo, lo hacía entrar y salir despacito, para disfrutar su grueso volumen.
Al mismo tiempo que entraba y salía de mi boca, se la presionaba con la lengua manteniéndosela lubricada.
Lionel estaba fuera de sí y yo realmente gozaba como loca.
Era fabuloso estar felando la misma polla con la que mi ex novia Silvina había sustituido la mía, y experimentar así lo que esta sentía con ella.
Fue allí que Lionel me aviso que iba a acabar, entonces de inmediato dejé de felarlo y le dije que quería dejarlo así bien cachondo, para que pudiera darle a Silvina la mejor noche de bodas que esta pudiera imaginar.
El se quedó lívido, me rogaba que por favor siguiera, que se moría de excitación, pero no le hice caso.
Me levanté y fui al excusado a rectificar mi maquillaje labial que obviamente había quedado un desastre, con tan espectacular mamada.
Al regresar al salón, Silvina me guiño el ojo y me preguntó que opinaba sobre su maridito, y le contesté que había hecho una excelente elección.
Al sentarme en nuestra mesa Martín, me interpeló muy enojado acerca de donde había estado tanto tiempo y le dije que gracias a esa demora, esa noche lo haría gozar como nunca en la vida al mismo tiempo que por debajo de la mesa le acariciaba la entrepierna.
Yo ya estaba realmente deseosa de ser brutalmente poseída, y no veía la hora de volver a nuestra casa para ello.
Sería una noche de lujuria y pasión.


12) Volviendo del casamiento de Silvina, Martín no pudo esperar a llegar a nuestra casa para hacerme suya.
Mientras él conducía el auto, llevó mi mano a su polla y me hizo acariciársela y luego cuando estaba bien erecta, aferró mi cabeza y me obligó a felarlo.
Me acomodé como pude, y continuamos el viaje de regreso a casa de esa forma, yo succionándole el pene y él conduciendo entre suspiros.
Me empujaba la cabeza para que su polla entrara hasta mi garganta con mucha fuerza, como queriéndome demostrar que era él quien mandaba.
Acabó raudamente en mi boca, y tuve que tragarle todo su semen para evitar que se manchara su ropa.
Apenas entramos en casa, me pegó una bofetada que me hizo caer al suelo mientras me decía: así que quisiste jugar conmigo, ahora vas a ver quien es el macho que manda acá.
Acto seguido me desgarró el vestido, se bajo el pantalón, me puso en cuatro patas como si fuera un maniquí y empezó a penetrarme sin siquiera lubricarse con una violencia inusitada.
Al mismo tiempo me decía, yo te hice hembra y te prohíbo que coquetees con otros hombres como lo hiciste en la fiesta, ahora te voy a dejar sin ganas de estar con cualquier otro que no sea yo.
Me sodomizaba violentamente, yo me sentía como una suerte de muñeca manejada por él y la verdad, es que eso no me disgustaba.
De haber sido un varón, me había convertido en una damita obediente y bien pasiva, que ahora gozaba siendo dominada por quien me había puesto los cuernos con mi novia.
Martín me estaba sometiendo, yo era su esclava, y él tenía derecho por eso a tratarme como un objeto.
Mientras tanto yo pensaba en que mi ex novia al mismo tiempo debía estar disfrutando de una lujuriosa noche de bodas para la cual yo colaboré dejándole bien estimulado a su flamante marido Lionel.
Me sentía interconectada con ella, sabía que las dos estábamos en ese mismo momento gozando desenfrenadamente y aunque no la viera podía imaginarla siendo follada igual que yo y eso me excitaba mucho y me hacía querer sentirme mas humillada aún.
Martín, me llevó a la cama, me ató las manos a los barrales, me amordazó y vendó los ojos, y así totalmente inmovilizada empezó a forzarme el ano haciendo presión para introducirme todo su puño, mientras me decía que me estaba castigando por haber seducido en la fiesta a otros hombres.
Yo me sentía dulcemente vejada por Martín que evidentemente se había puesto celoso de mi flirteo con Lionel, y ahora por eso me estaba tratando tan rudamente.
El dolor era muy intenso, pero la idea de que luego mi ano podría recibir pollas más grandes, me generaba una inmensa satisfacción.
La sodomización era muy violenta, sentía mi ano desgarrarse y al mismo tiempo tenia la satisfacción de que él mismo se pareciera cada vez mas a una vagina en la que los hombres podrían desagotar sus deseos.
Aullaba de dolor y placer y Martín disfrutaba con ello, gozaba haciéndome sufrir.
Después de dilatarme el ano a un nivel impensable sacó su polla y acabó en mi rostro llenándomelo de semen.
Nunca, hasta entonces me había sentido tan mujer, ni tampoco había tenido tantas ganas de tener sexo con diversos hombres, como ahora que me sentía muy orgullosa porque podría ser penetrada por cualquier polla, tuviera el tamaño que tuviera.


13) Meses después Silvina y Lionel nos invitaron a cenar a su casa.
Como hacía mucho calor esa noche y estaba bronceada, me puse un vestido muy corto celeste con breteles, que dejaba a la vista el comienzo de mis senos, hombros y espalda con unas sandalias blancas de tacón.
Silvina por su parte, estaba espléndida luciendo un minishort de lycra negro, un top rojo y sandalias negras.
Luego de una amena charla y unos tragos que preparó Lionel que nos relajaron, nos sentamos a comer a la luz de las velas.
Fue entonces que comencé a sentir que la mano de Lionel me acariciaba la pierna por debajo del mantel.
Poco a poco me fui excitando y abriendo mas las piernas para que su mano llegara a mi sexo, disimulando para que Martín no se diera cuenta de lo que sucedía.
Mantener la conversación como si nada ocurriera mientras me estimulaba Lionel, era muy difícil.
Pronto advertí que a Martín le sucedía algo, y entendí qué pasaba cuando ví que la mano de Silvina se escondía debajo de la mesa, era obvio que ella lo estaba masturbando.
Evidentemente Silvina y Lionel buscaban emociones fuertes.
La escena era muy transgresora, Martín era masturbado por mi ex novia, y yo era estimulada por su marido.
De pronto Lionel dejó de masajearme y me pidió que lo ayudara a retirar los platos de la mesa y cuando llegamos a la cocina, me aferró por detrás y comenzó a besarme el lóbulo de la oreja mientras me apoyaba su polla en mi cola.
Yo estaba que me derretía de excitación, pero devolviéndole con la misma moneda con la que me había pagado un rato antes, me contuve y volví a la mesa, para encontrarme con la sorpresa de que Silvina arrodillada delante de Martín, lo estaba felando.
A continuación, Lionel se acercó a ellos, se colocó detrás de Silvina, se desabrocho la bragueta, le bajó el short y comenzó a penetrarla mientras ella al mismo tiempo le succionaba la polla a Martín.
Silvina era gozada al mismo tiempo por los dos varones, Martín le aferraba la cabeza obligándola a felarlo y Lionel la sostenía de la cintura mientras la servía.
La situación era alucinante y mi excitación fue tal que me provocó una erección a pesar de las hormonas femeninas que había ingerido todos estos años.
Me recosté al lado de ellos y me masturbé viendo como entre los dos sementales llevaban a quien otrora fuera mi novia, al mejor orgasmo de su vida.
Cuando Silvina acabó, Lionel me dijo: ahora es el turno de la otra bebita.
Martín me aferró de la cintura, corrió mi ropa interior y empezó a penetrarme el ano, mientras Lionel, se había situado delante de mi y me felaba.
Jamás había sido felada por un hombre y tengo que reconocer que me encantó.
Ahí caí en la cuenta de que Silvina estaba transformando a Lionel en una mariquita igual que lo hizo conmigo.
Acabé en su boca, mientras Silvina lo acariciaba y le decía cosas como: muy bien bebota, a ti también te haré una niñita.
Después, Silvina y Martín montaron una escena de sexo desenfrenado para nosotros.
Lionel me acariciaba mientras veía a su flamante esposa follando con Martín.
Yo al ver que era mas parecido a mí de lo que me imaginaba, comencé a introducirle un dedo en el ano para dilatárselo.
Luego Silvina y yo llevamos a Lionel a su habitación, y entre las dos lo vestimos de mujer con un conjunto de ropa interior y ligas negras de ella.
Mientras lo maquillábamos, yo recordaba mis comienzos con Silvina, la primera vez que me feminizó y pensaba que era muy dulce estar ahora ayudándola a transformar en mujer a su marido.
Convertido en una damita, hicimos que Martín lo penetrara, lo cual éste hizo con gusto.
Lionel fue desflorado, gritó un poco, pero luego se comportó como una señorita complaciente, Silvina había feminizado por segunda vez a un hombre, era de imaginar que pronto seriamos como tres amigas.
Como ven, esa noche desafiamos todos los tabúes, ya no estaba sola, el marido de Silvina ahora era una amiga mas y Martín, nuestro único hombre.

14) Meses después del encuentro prohibido que tuve con Martín, Silvina y Lionel, me topé con ella, caminando por la calle acompañada de una pulposa señorita.
Las dos llamaban la atención de todos los varones que cruzaban a su paso.
Es que eran dos diosas, enfundadas en diminutos vestidos que le marcaban sus sinuosos cuerpos.
Lo que más me llamó la atención, fue el enorme busto de la acompañante de Silvi rematado con un infartante escote.
Mi estupor fue mayor cuando Silvi me la presentó.
Gabi ¿Ya te olvidaste de mi marido Lionel que no lo saludas?
No lo podía creer, Lionel era ahora una mujer en todo sentido.
Era obvio que su busto no era un relleno y a juzgar por lo ajustado de su vestido, no era ello lo único que se había operado.
Si, Lionel se había quitado el falo.
Lionel era ahora “Ivana” .
Evidentemente Silvina era una lesbiana reprimida que transformaba a sus parejas en mujeres, a las que luego gozaba entregando a otros hombres.
Lionel había caído en sus redes y se había convertido en una seductora Barbie que a juzgar por sus modales, ya tenía vasta experiencia en las lides de la femineidad.
Era un tanto procaz, su estilo rayaba en el de las rameras, pero sin duda había que felicitar a Silvina porque su obra era increíble, había logrado transformar a su marido en pocos meses.
Ivana me preguntó si yo también me había quitado la polla, y cuando le contesté que aún no, se puso muy ansiosa e insistió en que las acompañara a su casa para tomar un refrigerio.
En cuanto llegamos, Silvi se escabulló con un pretexto banal e Ivana, se abalanzó sobre mí, me estampó un beso en la boca y me dijo que el sueño de su vida era tener una relación “lésbica”, con una chica como ella que tuviera polla.
Yo por mi parte, hacía mucho tiempo que tenía la polla virtualmente inutilizada a fuerza de hormonas y sexo pasivo, por lo que no tenía mucha fé de lograr una erección y se lo dije para no desilusionarla.
Ella me dijo que estaba segura de conseguirlo que la esperara allí que se iría a cambiar para estar mas sexi.
Al rato Ivana apareció con un deshabillé transparente que permitía ver su cuerpo espectacular, se me acercó y se arrodilló delante de mi para comenzar a masajearme mis piernas.
Me levantó la falda y comenzó a masajearme la polla y en eso volvió Silvina y nos pidió que le diéramos el gusto de hacer el amor delante de ella.
Fuimos dos transexuales en un juego desaforado, nos besábamos y la penetré, mientras le decía a Silvina, mira ahora soy yo quien me folló a tu maridito y ella se masturbaba.

14) Una tarde Silvi me telefoneó muy angustiada diciéndome que necesitaba verme.
Para ese entonces, mi relación con Martín había pasado del sadomasoquismo al aburrimiento y abandono, a tal extremo que quería separarme de él.
Silvi me aguardó en un café y para mi sorpresa no me encontré con la diosa infernal que acostumbraba vestirse para matar, sino con alguien de muy bajo perfil.
Silvi estaba a cara lavada, con el cabello muy corto casi rapado estilo militar y vestida de manera tal que bien podía pasar por un hombre.
Lo único que delataba su femineidad era el busto disimulado por un buzo ancho.
Al verme comenzó a llorar como una magdalena y entre sollozos, me dijo que no podía seguir viviendo una mentira.
Yo no alcanzaba a comprender que era lo que me quería decir, era muy errática en su discurso, hasta que se ánimo y me lo dijo: Ella siempre había querido ser un hombre y como no lo podía conseguir, transformaba a sus parejas en mujeres como lo hizo conmigo y luego con “Ivana”.
Silvi me rogaba que ahora fuera yo quien la ayudara a transformarse como lo hizo ella conmigo, pero a la inversa, ella quería convertirse en un hombre.
Le pregunté por su marido Lionel, o mejor dicho Ivana y me dijo que este le era infiel con cuanto hombre se cruzaba inclusive sabía que había tenido un affaire con mi futura ex pareja Martín.
Qué les puedo contar?.
Obviamente la ayude en su cambio.
Y así estuve cuando se hizo un implante peneano y también cuando se compró sus primeros blue jeans masculinos y se empachó de hormonas masculinas que le hicieron crecer vello en todo su cuerpo.
También cuando Silvio se achicó los senos y siempre a cada instante que fue haciéndose mas y mas hombre.
Entonces nuestro amor y pasión renacieron, Silvio era quien siempre soñé que me hiciera sentir mujer.
Construimos una pareja sólida y estable, ya no hay terceros entre nosotros y pronto seremos marido y mujer con todas las letras, para lo cual estoy yendo a la modista en este momento para avanzar en la confección de mi vestido de novia.
Estarán todos invitados a mi fiesta.
LORENA

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