Conociendo a Teresa

enviado por anónimo

Introducción
Desde pequeño me hubiera gustado ser una niña, llevar faldas, uniformes, delantales, y todo eso. A lo largo de los años me he ido comprando faldas y complementos varios. Como soy soltero, vivo sólo y no me he ganado mal la vida, me he podido vestir sin problemas y practicar una especie de vida teórica dónde yo actuaba como una niña.

No sé hasta que punto estaban enterados mis padres, pero quién si lo sabía era una tía mía a quien se lo dije hace tiempo.

Hace algún tiempo murieron mis padres y yo quedé en una relativamente buena posición económica. Mi tía, que es soltera, me propuso que viviéramos juntos, que yo podría seguir vistiéndome, y que ella actuaria como una madre.

Circunstancias diversas me hicieron dejar el trabajo que hacía y así me pude dedicar al ciento por ciento a mi pasión. Mi tía Carmen - que es como se llama mi tía – me volvió a proponer el tema.

En fin, la cuestión es que yo me convertí en su niñita. Permanecía en casa vestida de nena, y siendo dominado cada vez más por mi tía, a quién yo obedecía feliz, pues tengo que reconocer que soy de carácter sumiso. Me llegó a dominar hasta el punto que se adueño de todos los aspectos de mi vida, entre ellos pasó a administrar mis bienes. Yo le confesaba mis tendencias sumisas, las páginas de internet sobre hombres afeminados que eran humillados por sus esposas madres, etc. (sissy se llaman en ingles). Obligados a vestirse de criadas y servir a sus amas.

Un día mi tía me dijo que lo que me convenía es que me casara, que no podía vivir sólo toda la vida, que ella se hacia mayor y yo necesitaba a una persona que me cuidara. Yo respondí que eso no era posible, que quién querría a un marica como yo. Me respondió que tenia a la persona que necesitaba. Habían estado hablando ya hacía mucho tiempo, que me conocía más de lo que me imaginaba, me había visto en fotografías vestido de niña; que conocía mis prácticas. Pero me advirtió que en realidad era una ama, que le gustaba dominar, y que la idea de afeminarme y humillarme la atraía muchísimo.

- En le fondo – me dijo – eso es lo que realmente quieres: ser afeminado y un tanto humillado. Pero necesitas alguien que te discipline. Por eso creo que es la persona más adecuada para ti. Ella también lo cree así, y yo me quedaré más tranquila viendo como se casa contigo y se convierte en tu ama, y tu en su obediente mariquita.

Sea porque era lo que realmente deseaba, y porque mi tía fue muy convincente, la cuestión es que yo me sometí e inicié un camino que ya no tendría marcha atrás.

Conociendo a mi ama

Y así llego el día en que conocí a mi ama.

Yo esperaba en la salita de estar, vestido tal como me había dicho mi tía: falda plisada de cuadros blancos, azules y rojos, con el delantero liso, y larga hasta por debajo de la rodilla; camisa blanca; calcetines largos azul marino; y una peluca de pelo rizado y largo hasta los hombros, adornada con un lacito rojo.

Estaba muy nervioso, pues no sabia demasiado que pasaría, que impresión causaría, si se reiría de mi, etc. Mi tía me había dicho que debía mostrarme muy sumiso, pero que no debía preocuparme. Era la mujer que ella había escogido para mi; una mujer severa, que me dominaría, y que me llevaría por el camino recto hacia mi feminización y sumisión.

Cuando entró me la quedé mirando; era una mujer que efectivamente tenia un aire de severidad; de mi estatura, cabello corto y negro, barbilla prominente y unos ojos que imponían respeto; en una palabra: una mujer dominante.

- Esta es Teresa, Alicia – dijo mi tía, - salúdala-

Después de unos momentos de duda me acerqué a darle la mano con una sonrisa tímida y forzada. Sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula cuando me abofeteó en la mejilla, primero en una y antes de que me diera cuenta, en la otra.

- ¿No sabes saludar come es debido marica? - me dijo

Yo me quedé mudo de asombro sin saber que hacer. Mi tía me dijo:

- Alicia, una mariquita siempre saluda haciendo una reverencia, tal como lo has hecho muchas veces delante mío.

Las mejillas me hervían del par de bofetadas que me había propinado, y me sentía bastante confuso y completamente descolocado. Sin embargo obedeciendo a mi tía poniendo el pie derecho un poco detrás del otro, doblé las rodillas, cogí mi falda por los lados con los dedos indice y pulgar, y subiéndola un poco, hice la reverencia al tiempo que decía con voz débil

- Perdone señora Teresa por no haberla saludado correctamente, pero estaba confundido. No volverá a pasar.

- ¡Ni ésto ni muchas otras cosas! – dijo con severidad – tendrás que aprender muchas cosas: para empezar ¡debes tratarte a ti misma en femenino!-

- Si señora Teresa – respondí

- A partir de ahora, cuando te dirijas a mi continuarás tratándome de usted y dirás mami, pues en cierto modo actuaré como una madre para ti; una madre severa que te educará en la obediencia y en el respeto. ¿No querías ser feminizada?, ¡serás feminizada!. ¿No te gustaba ser humillada?, ¡serás humillada!. Pero esto no ya será un juego como hasta ahora; ya no será algo que podrás dejar cuando te canses y volver cuando quieras. Yo seré tu mami, y tu serás la mariquita Alicia las 24 horas al día, los 7 días a la semana y en tu cabecita solo debe existir una cosa: ¡OBEDECER!.

- Si mami - respondí con voz sumisa – seré una mariquita buena y obediente.

- Repite ahora lo que voy a decir: mi nombre es Alicia, y soy una linda niñita que sólo quiere estar bonita para gustar a los chicos; y repítelo con la voz mas afeminada que puedas.

Yo lo repetí, con el tono de voz más agudo del que fui capaz, mi auténtico deseo en esta vida (aunque preguntándome que querría ella decir con todo esto).

- No esta mal, pero este tono es algo que habrá que mejorar – dijo – recuerda que siempre debes utilizar este tono de voz.

- Si mami - respondí

- Cuando respondas acuérdate de hacer una pequeña reverencia flexionando un poco las rodillas; sólo un poco. La reverencia bien hecha se hace al saludar y al entrar o salir de una habitación ocupada; también deberás hacerla cuando te cruces con alguien en un pasillo u otro sitio, ¿entendido marica?

- Si mami – respondí yo haciendo una pequeña reverencia.

Y así fue el primer contacto que tuve con la que seria, más que mi esposa, mi ama; mi mami.

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